Transformando la historia

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Por un momento tuve la ingenua idea de que volvería a experimentar lo que sentía cuando era niño, cuando después de ver “Los Transformers” en la TV, jugábamos hasta el cansancio en el patio del colegio con mi amigo Waldo, haciendo nuestros mejores esfuerzos por imitar las voces de los personajes que cada uno quería interpretar, y el sonido de las transformaciones de nuestros queridos héroes.

No fue así… ¿y qué esperaba yo?… nosotros somos quienes tenemos que adaptarnos a la realidad y a los cambios, y no es la realidad la que tiene que adaptarse a nuestras vejeces. Porque la película está muy bien realizada, y está hecha para lograr que mi hijo sea uno de los millones de nuevos fanáticos de los maravillosos robots transformables. Es decir, está hecha para los nuevos tiempos, y aunque no fue exactamente lo que yo esperaba, me gustó.

Al principio tiene algo a lo que yo llamo “síndrome de primera película de saga” que es cuando la primera parte de las mismas, se dedica a explicar quiénes son los personales, de donde vienen, qué es lo que buscan y cosas como esas. Como comprenderán, todos los que ya sabemos todo eso, lo vemos como una pérdida de tiempo en pantalla pero, hay que insistir, la película no fue hecha solamente para los vejetes que ya conocíamos todo, sino para nuestros hijos… me atrevería a decir que más para ellos que para nosotros.

Dos cosas que no me gustaron: 1- Hay demasiado humor en la película. Se que siempre es necesario introducir el ingrediente en cuatro o cinco ocasiones, pero en algunas secuencias, eso parecía un filme cómico. 2- El protagonista Sam Witwicky (Shia LaBeouf) es (como dirían los norteamericanos) demasiado looooooser. No era necesario que sea un genio en acción, pero se la pasaba haciendo tonterías y babeando por Mikaela Banes (Megan Fox)… se que la actriz está como para eso… pero creo que Sam se excedió un poco.

Por lo demás, excelentes efectos especiales y muy buena música. Se siente el espíritu Transformers, especialmente cuando aparecen todos los autobots. Optimus Prime mantiene su espíritu humanitario. Complejas pero magistrales transformaciones (estoy impaciente por tener algunos juguetes en mis manos) Una bella protagonista, y creo que esa si está como para la generación “Transformers 80’s”

Digna de una segunda parte en la que, ya despejadas la preguntas y explicaciones pertinentes, podamos ver más aventuras ingeniosas y trepidantes.

Una película que no hay que perderse… y un consejo, que la vean los jóvenes, que es especial para ellos.

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Lo que hemos ganado con la democracia

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Después de mucha sangre y sacrificio, los regímenes militares son solo un mal recuerdo, pero nunca logramos consolidar la democracia. Esa es la razón por la que muchos creen que no es muy diferente a la dictadura.

Sin embargo, no podemos permitir que las frustraciones causadas por el mal ejercicio de la democracia nos hagan perder el horizonte, nos sumerjan en los pantanos de la desesperanza, y nos tienten a reeditar nuestro trágico pasado.

Cuando cualquier tipo de movimiento popular, ciudadano, indigenista o lo que sea que se llame, pretende imponer sus criterios al resto de una sociedad, ya no estamos hablando de democracia sino de dictadura. Es a lo que Karl Popper llama colectivo egoísta, cuando hace la aclaración de que individualismo no implica egoísmo, y que pueden existir individualismos solidarios y colectivismos egoístas.

Pero igualmente, con la democracia hemos ganado mucho. Siempre existirá la posibilidad de que las personas nos equivoquemos y elijamos a los astutos y corruptos para gobernarnos, pero a esos bellacos los habremos puesto nosotros, no nos los habrá impuesto nadie por la fuerza de las armas. Después estará la posibilidad que siempre tendremos de echarlos del gobierno a través de una nueva elección o de un referendo revocatorio. Sin derramamientos de sangre, sin desaparecidos, sin exiliados, sin campos de concentración.

Ninguna dictadura le ha otorgado a ningún ciudadano dignidad, empleo y riqueza. Ejemplos los ha habido y los hay por todo el globo.

Gracias a la democracia hoy puedo escribir acerca de lo que hemos ganado con ella, una semana después de que alguien escribió que no habríamos ganado nada. Y ni esa persona, ni yo, vamos a ser perseguidos, amenazados o desaparecidos.

La democracia liberal permite las diferencias, el debate de ideas, las asociaciones de toda índole. Nos exige tolerancia y respeto a los derechos de los demás.

Adjunto la palabra “liberal” porque también existen las pseudodemocracias. Aquellas de tipo asambleísta, en las que el ciudadano debe votar bajo el ojo vigilante de su vecino, arriesgándose a represalias de la mayoría si decide disentir. Esas, evidentemente no son democracias.

En la democracia liberal son las personas, y no el Estado, las que se responsabilizan por sus acciones. Cada individuo decide si creer o no en Dios, si preferir o no uno u otro medio de comunicación, si leer o no un libro sobre marxismo, liberalismo, nazismo o capitalismo. Si leer o despreciar la columna de Lizandro Coca Olmos.

Porque la democracia liberal implica libertad de decisión en todos los ámbitos de nuestra existencia, y siempre y cuando no atentemos contra la libertad de otros. Dentro del sistema democrático existen más posibilidades de juzgar a los gobernantes que nos defraudaron y a los dictadores de ayer. Tenemos más posibilidades de participar en las acciones de gobierno, ya sea a través de las justas electorales, o a través de mecanismos de democracia participativa. Y sin importar si somos blancos, negros, indios, mestizos, cambas, collas, chapacos, de izquierda o de derecha.

Pero la democracia no es simple y llanamente un conjunto de procedimientos e instituciones. Para consolidarla debemos estar convencidos de que democracia es, sobre todo, personas haciéndola funcionar. Ciudadanos y gobernantes, no solo hablando de ella, sino practicándola, en sus hogares, en sus trabajos, en sus asociaciones, en la nación toda.

No se debe confundir a la democracia con los políticos. Las personas están a cargo de las instituciones, y son responsables de su buen o mal funcionamiento, no al revés. Ese es un error común que nos puede llevar al retroceso y, en consecuencia, otra vez a las tiranías.

La democracia es la gente ejerciendo su ciudadanía a través del respeto y ejercicio de libertades, y mediante el cumplimiento de las leyes. No es un conductor quejándose de sus corruptos gobernantes mientras se pasa una luz roja, ni un universitario luchando contra la mediocridad docente mientras hace trampa en los exámenes, ni un transeúnte despotricando contra el alcalde mientras tira su basura en las calles.

La democracia, o la vivimos o fracasa. Es un motor que requiere de sentimientos nobles y de gentes honorables para funcionar correctamente. De otra forma se convierte en lo que tenemos nosotros, una simple y vulgar fachada que no marcha ni a media máquina. La democracia es acción, no palabra.

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Fukuyama y el dilema de la estatalidad

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En “La construcción del Estado” Francis Fukuyama nos propone la tesis de que los Estados débiles o fracasados son causantes de los grandes males del mundo, como la pobreza, el sida, las drogas y el terrorismo.

Estado fuerte, sin embargo, no debe interpretarse como estatismo. Este término más bien se refiere a la capacidad de las instituciones estatales de cumplir eficiente y eficazmente las funciones que les correspondan, cualesquiera que estas fueren. A esto se le llama “fuerza de las instituciones estatales”

La cantidad de funciones que cumple un Estado está definida por el “alcance de las instituciones estatales”, y se refiere a los ámbitos en donde el Estado ejerce tuición. Así, los Estados en donde la mayor parte de la actividad económica es privada, poseen un menor “alcance” que aquellos en donde éste se encarga de todo.

La situación ideal es la de un Estado con un alcance limitado, pero con gran fuerza. Los Estados con un alcance amplio, pero con una fuerza igualmente grande, se mantienen dentro del rango de lo aceptable. Unas instituciones estatales con poco alcance y fuerza, situarán a un país en el equipo de los fracasados. Pero la peor situación de todas siempre será la de los Estados con gran alcance, pero sin fuerza.

El dilema entonces, es ¿cómo transferir instituciones sólidas, de los Estados exitosos a los fracasados?

En primera instancia esto no es posible, al menos no de manera total. Existen algunos conocimientos, sistematizables y generalizables, que se pueden transferir. Pero algunos otros factores que determinan de manera crucial el funcionamiento y la solidez de las instituciones del Estado, como los “factores culturales y estructurales” no son pasibles de transferencia, y su modificación implica un proceso largo y de resultados inciertos.

Sin embargo, respecto de los factores susceptibles a perfeccionamiento, Fukuyama nos presenta su análisis y crítica, utilizando ejemplos históricos de Estados cuyas instituciones se encontraban, o se encuentran, en distintas situaciones, y cómo evolucionaron.

Aunque creo que los males del mundo no pueden atribuirse solamente a tal o cual tipo de países. Es evidente que los Estados institucionalmente débiles o fracasados, causan graves trastornos contra sí mismos y contra la comunidad internacional.

Podemos estar de acuerdo o no con la tesis inicial de Fukuyama, pero el análisis de la estatalidad, su fuerza, los factores que la determinan, y las formas de consolidarla, constituyen valiosas y fundamentales ideas para quienes se preocupan por los problemas de la administración pública.

Autor del libro: Francis Fukuyama
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Los bloqueos angelicales del Vicepresidente

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No terminan de sorprender las declaraciones de los políticos…

En una nota de prensa de Los Tiempos del sábado siete de julio, aparece la noticia de que el Vicepresidente lamenta uso distorsionado de los bloqueos. García Linera se queja del uso injusto y desvirtuado de los bloqueos que los grupos movilizados estarían utilizando para exigir beneficios a favor de unas cuantas personas o para su familia o un pequeño grupo, y añade que siempre fue una medida de grandes movilizaciones que buscaban beneficios para todos

Como diría una gran amiga mía: Opción A: García Linera sufre de amnesia selectiva. Opción B: El vicepresidente ha estado viviendo en el país de las maravillas. Opción C: El Vice está postulando al campeonato nacional de cinismo. Personalmente me inclino por la “C”

Porque su declaración no es más que una obscena manifestación de cinismo. Pretende, en primera instancia, santificar las medidas de presión ejercidas antes de su “espléndido” gobierno, y dotarlas de un halo cuasi angelical citando las movilizaciones de la “guerra del agua”, y posteriormente trata de descalificar a quienes se movilizan durante su gobierno, porque estarían “desvirtuando” las medidas de presión.

En primer lugar ¿cuántos bloqueos, huelgas y marchas cree el Vicepresidente que hubieron en los últimos años?… no, no son decenas, son cientos si no miles de movilizaciones. Muchísimas apoyadas por él y con la participación activa de (si no encabezadas por) Evo Morales Ayma.

Pocas fueron “grandes movilizaciones de los bolivianos”, las podemos contar con los dedos de una mano y nos sobrarían dedos. El resto siempre han sido por intereses sectarios ¿acaso los bloqueos por el kato de coca fueron para todos?… yo no recuerdo tener un kato de coca en el patio trasero de mi casa.

Nuestro cínico Vicepresidente olvida citar muchas de las “grandes movilizaciones” de los últimos años. Pero aquí van algunas: 4 de junio de 2004, los cocaleros de los Yungas se movilizan pidiendo la creación de un mercado legal de coca, y los maestros (para variar) están en huelga. 11 de junio de 2004, en la comunidad de Huari, 300 personas amenazan con tomar las armas para evitar la abrogación de un decreto, 1200 propietarios de autos “chutos” bloquean Confital pidiendo nacionalización de vehículos. En este mismo año, en Ayo Ayo, una turba enardecida lincha cruelmente a su alcalde.

Me pregunto además: las movilizaciones cocaleras de enero del 2007 ¿fueron de las angelicales o de las desvirtuadas?

En el periódico del 9 de julio pasado, sobre la huelga de los mineros de Huanuni, el Presidente Morales dice que están pidiendo la renuncia del Prefecto de Oruro, y la de los ministros y eso ya es una acción política. Y Jaime Solares, principal dirigente de la huelga, es acusado por el gobierno de haber sometido a torturas a presos políticos como supuesto paramilitar del dictador Luis García Meza… ¿perdón?… ¿Acaso Jaime Solares no fue uno de los “grandes combatientes” en defensa de los recursos naturales y contra los gobiernos neoliberales?… ¿No fue con Solares que libraron formidables luchas contra el “sistema” y lograron “gloriosas victorias”?

En segundo lugar, decir que están desvirtuando la medida implica que ésta tendría alguna virtud. ¿Dónde está la virtud en medidas de presión que son fruto de la crisis institucional? ¿Cuál es la virtud de un bloqueo que vulnera los derechos de quienes no forman parte de él? ¿Qué virtud tienen las acciones de hecho que han convencido a los bolivianos de que, aplicando la suficiente fuerza, pueden conseguir absolutamente lo que les dé la gana?

El fracaso institucional del Estado, junto con la irresponsabilidad y oportunismo de líderes como García y Morales, impusieron en Bolivia el mecanismo de resolución de conflictos basado en bloqueos y violencia.

Señores Presidente y Vicepresidente, ¡bienvenidos al país que ustedes, y todo el resto de políticos atolondrados, ayudaron a crear!

Y en lugar de enredarse cuan perros persiguiendo sus propias colas con declaraciones absurdas ¿Por qué no se quitan la mascarita de una buena vez, y nos dicen que las únicas movilizaciones “legítimas” son las que ustedes organizan?

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