De apocalípticos agoreros

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He oído en varias ocasiones usar esos términos para calificar a quienes tratamos de alertar a la ciudadanía de los posibles peligros que están en cierne sobre nuestras libertades, nuestra unidad y nuestra democracia.

No es, en absoluto, que nos guste la idea de ver a nuestro país en llamas y sumergido en el caos total. Son, más bien, las conclusiones que podemos obtener en base a la observación y el análisis de las acciones y señales del gobierno. Análisis hechos, dicho sea de paso, por ciudadanos de a pie, que no somos candidatos ni candidateables a nada, que no poseemos grandes intereses económicos, y que no deseamos nada de lo que advertimos. Un grupo multidisciplinario de personas con el único interés común de velar por el bienestar de la nación toda y, de buscar cambios, sí, pero no en base a la repetición de errores, la eliminación de libertades, la exacerbación de las diferencias y la confrontación.

Sin embargo ¡¿cómo se cumplen muchas de las conclusiones de los apocalípticos agoreros no!?

Advertimos sobre la posibilidad de que el gobierno pretendiera defenestrar al poder judicial, y eso es exactamente o que ha sucedido la semana pasada. Un golpe a la institucionalidad del Estado boliviano, torpe e imprudente, pero golpe al fin. Dejar a la sociedad boliviana sin la única instancia judicial que vela por la constitucionalidad de los actos del poder gubernativo es exactamente lo que necesita un gobierno para hacer lo que le plazca sin la menor duda, incuso para urdir un régimen totalitario.

Prevenimos sobre la desinstitucionalización cada vez más profunda de Bolivia, y eso es precisamente lo que ha causado la última ola de cabildos, marchas, huelgas y afines, a favor y en contra, dentro de todo el territorio nacional. Si las instituciones republicanas estuviesen fortaleciéndose, este tipo de movilizaciones serían cada vez menos necesarias, pues los ciudadanos contarían con los canales legales suficientes para hacer llegar sus demandas, sugerencias y quejas a los órganos de gobierno. Si las movilizaciones empezaron en Bolivia con algunos sectores, es porque las instituciones no funcionaban para ellos. Si las medidas de presión las asumen cada vez más y más sectores, es porque las instituciones ya no están funcionando para nadie.

Alertamos sobre la posibilidad de que Evo Morales pretenda eternizarse en el poder, imitando a sus amigos, los dictadores de Venezuela y Cuba, y no otra cosa demuestran la propuesta de la reelección indefinida y el afán de hacer crecer el alcance del Estado, de manera que se convierta en un Estado-Dios que, inevitablemente, siempre tiende a someter a los ciudadanos a los designios de los que lo controlan.

Señalamos la necesidad de admitir que fracasamos en el proceso constituyente, planteamos que era imperativo dar muerte definitiva al monstruo que habían creado la politiquería, la mezquindad y la intolerancia, porque ese adefesio no tenía ningún futuro y solo podría engendrar una aberración peor. Pero los necios se empeñaron en extender la vida de la abominación. Ahora muchos de los doctores Frankesntein que participaron en el intento de reanimación del bicho, se arrepienten tarde. La AC hace mucho que está a años luz de lo que debió ser, un instrumento de reencuentro y reconstrucción republicana.

Opinamos sobre los peligros de convertirnos en una sociedad rentista, y sus implicaciones negativas sobre el aparto productivo y la economía. Este hecho, junto con la inexistencia de políticas de desarrollo productivo y con la ayuda de muchos millones en petrocheques, ha causado una inflación que, lastimosamente, nos afecta a todos, no solo a sus (ir)responsables.

Repudiamos los discursos demagógicos que agudizaron los racismos y regionalismos. Hablamos de lo absurdo de un indio hablando de los 500 años de opresión siendo que, gracias a la democracia liberal, éste es Presidente de la República. Pero nos llegó el 11 de enero, y esta semana miles de campesinos van a Sucre para quien sabe qué.

Quisiéramos ser solo eso, unos apocalípticos agoreros. Quisiéramos equivocarnos en nuestros análisis… ¡ojala nos equivoquemos! Pero mientras las acciones y las señales sean desalentadoras, mientras las salidas estén más lejos y cada vez sean menos, continuaremos haciendo señales de advertencia.
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Permítanme unas sugerencias

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Tengo que pedir disculpas por no haberme percatado con anterioridad de la tremenda lucidez de nuestro primer mandatario “Estar sometidos a las leyes es perjudicarnos, aunque digan que nuestros decretos son inconstitucionales, no importa”…”Ministros, les digo que no hay que esperar las leyes, hay que seguir trabajando con decisiones políticas y si demandan de inconstitucionalidad nuestros decretos, será el pueblo el que juzgue”… palabras textuales del Presidente de la República en una nota de prensa del 11 de agosto pasado.

Cuantas personas estarán sintiendo lo acertado de las palabras de Evo Morales…

Empezando por los estudiantes de colegios y universidades que tienen que sufrir atados por la ridícula norma de tener que dar exámenes para aprobar sus cursos, y continuando con los ladrones y asesinos a quienes pretendemos obligar a respetar leyes que les prohíben ejercer sus nobles tareas.

Tiene usted toda la razón señor Presidente. Permítame sugerirle algo que parece no habérsele ocurrido: ya que estar sometidos a las tontas leyes nos perjudica ¿por qué no aprueba una constitución por decreto y espera a que el pueblo juzgue? Nos ahorramos dinero, tiempo y tener que lidiar con las minorías contrarrevolucionarias (como diría el compañero Álvaro)

Y tengo más sugerencias. Para las autoridades de la media luna: ¿por qué no se declaran departamentos autonómicos de una vez en lugar de esperar a que las absurdas leyes se los permitan? Total, si declaran sus medidas de inconstitucionales, no importa ¡lo dijo el Presidente! Y los ciudadanos de cada departamento juzgarán lo hecho por sus autoridades.

Es más ¿por qué no redactar cada comunidad indígena o campesina, cada ciudad, cada pueblo, su propia constitución? De todos modos, sabemos que no nos vamos a poner de acuerdo en nada y que la constitución nueva, venga de quien venga, no va a estar al gusto y antojo de cada republiqueta. Hay que seguir el consejo del Presidente, dejar de lado las leyes, y gobernar a través de decretos, ordenanzas y directivas autonómicas.

Eso sí, don Evo Morales, hay que ser honestos y admitir cuán fascinante fue el desempeño de anteriores gobiernos, que lograron terminar sus mandatos tratando de respetar las estúpidas leyes. Con algunas excepciones, como cuando goni puso en vigencia los contratos con las petroleras sin hacerlos aprobar, uno por uno, con el congreso de la república, y escondiéndonos los anexos de los mismos. Pero claro, el ex-presidente Sánchez de Lozada se habrá dado cuenta, igual que usted, de que las leyes no son más que el invento de algún cretino que solo buscaba perjudicar a los nobles gobiernos.

También hay que agradecer a los cándidos e ingenuos que, creyendo que las leyes importan, le devolvieron su curul cuando usted era diputado. Esos son los mismos incautos que, a través de las necias leyes, instauraron el voto universal, abolieron el pongeaje, y permitieron la estructuración de una democracia liberal que le permitiera a usted ser hoy Presidente Constitucional de la República… perdón… creo que eso de Constitucional ya no importa ¿verdad?

¿Cómo no nos dimos cuenta, después de tantos años de democracia, de que nuestro problema son las leyes? ¿Cómo fuimos tan ciegos al no ver que nuestro atraso, nuestras diferencias y todas nuestras miserias, no podían hallar soluciones por culpa de las irracionales leyes?

Ahora sí creo que el Presidente Morales merece ser postulado al premio novel de la paz. Habrá ganado dicho título por uno de los más misteriosos y recónditos descubrimientos. La inutilidad de las leyes.

¡De verdad! Esto puede iniciar toda una corriente filosófica, la estructuración de nuevas teorías, debates y análisis, en el área de la ciencia política y la ciencia jurídica. Podemos bautizar la nueva corriente con el nombre de “La Escuela de Evo”

Y quienes se quejen y exijan el cumplimiento de tan ilógico invento, innegablemente serán enemigos de los procesos de cambio, habrán sido descubiertos, y tendremos que deshacernos de ellos de algún modo… o tal vez, como dijo el Presidente, simplemente ellos no importan.

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Los Discursos de pacotilla

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Tanto el presidente como el vicepresidente deberían pedir unas clases de historia antes de hablar en el día de la patria. García Linera afirma que en la Asamblea Constituyente de 1825 se redactó una constitución sin la participación de los indígenas y, por lo tanto, excluyente. Su desubicación es terrible, puesto que la redacción de la primera constitución boliviana fue encargada al Libertador en persona. Constitución que, dicho sea de paso y por su carácter liberal, abolía la servidumbre y el impuesto indigenal, y establecía la igualdad entre todos los bolivianos como principio fundamental después de la libertad.

¿Estará el vicepresidente calumniando a Bolívar de excluyente? En todo caso espero que no, y más bien creo que su afán es tratar de que su gobierno se vea mejor, echando lodo a los demás. Apelar, como lo han hecho desde el principio, a los sentimientos de la gente, diciendo que los indígenas fueron excluidos desde la fundación de la república.

El presidente también necesita unas clases sobre la historia de la insurgencia de Bolivia. Él afirmó que los principales impulsores de la independencia fueron indígenas y que, posteriormente, se unieron los mestizos y criollos. ¡Cero en historia! Basta con revisar los libros para saber que fueron los segundos quienes impulsaron la guerra de independencia, y que los indígenas estaban divididos, aunque en mayor porcentaje engrosaban las filas de los realistas.

El presidente dijo que ya no hay embajadas que intervengan en la política nacional, pero olvidó decir que ahora las políticas son orientadas por su admiración, imitación y lealtad con los dictadores de Cuba y Venezuela. Lo que equivale a decir que hay intervención, aceptada de buen grado con el ribete de consejos.

El vicepresidente aclaró que ya no existen las coaliciones de partidos y que, en su lugar, ellos han conformado una coalición de movimientos sociales. Lo que no dijo, es que la repartija de los puestos en la administración pública se realiza en base a esa coalición. Es decir, cambiaron el cuoteo entre partidos por el cuoteo entre movimientos sociales.

Ambos discursos cayeron en la posición maniquea de patria versus anti-patria. ¿Y quienes somos la anti-patria? Todos los que nos oponemos a la implementación de un Estado totalitario en base a un modelo demostradamente fracasado a lo largo de la historia. El Vicepresidente llegó más allá, y esgrimió un término clásico de las dictaduras socialistas, utilizado para justificar la aniquilación de los disidentes, nos dijo contrarrevolucionarios.

Los dos mandatarios hicieron hincapié en la supremacía de los derechos colectivos sobre los derechos individuales, cosa que, por su peligrosidad, creo necesario aclarar.

El colectivismo es totalitario, puesto que las libertades del individuo son eliminadas so pretexto del bienestar común. El problema surge cuando alguien tiene que decidir ¿cuál es el camino que debe seguir la colectividad? ¿Cuál es la verdad que debe creer el colectivo? ¿Cuál es la religión o el ateísmo que debe profesar? ¿Qué tipo de literatura se debe permitir? ¿Qué sitios web se deben restringir? ¿Qué clase de arte se debe practicar? ¿Quál es la ideología que le conviene a la colectividad? ¿El homosexualismo se debe penalizar? ¿La mujer y el hombre son iguales o alguno es superior? etc…

Aquí aparecen los mesias, los salvadores, los poseedores de la verdad absoluta. La palabra de ellos es ley, puesto que son seres iluminados cuyas afirmaciones no admiten discusión. Son los dictadores de pacotilla los que deciden por el colectivo.

El individualismo (no, no es sinónimo de egoísmo) promueve que los individuos retengan el mayor poder de decisión posible sobre sus vidas, les ofrece opciones de entre las que tendrán que elegir las que mejor les parezca. Además exige que se hagan responsables por los éxitos o fracasos de sus decisiones. El individualismo otorga libertades al individuo, cuyos límites están definidos por las libertades de los otros. Es a lo que se llama derechos y obligaciones. El Estado se encarga de garantizarle sus derechos fundamentales.

Nuestros mandatarios ponen los derechos colectivos por encima de los individuales porque ellos admiran y promueven los regímenes socialistas, que son colectivistas y totalitarios.

Sinceramente yo no creo que los bolivianos estemos interesados en ser oprimidos por un totalitarismo “bienintencionado” Porque además todas las dictaduras siempre han proclamado sus “buenas intenciones” para con el pueblo, pero nunca en la historia le han brindado felicidad.

Yo prefiero ser libre en un Estado liberal, que ser el esclavo de su “paraíso” socialista.

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Cabildo en los tiempos del MAS

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El viernes veinte de julio en La Paz, hubo tres cabildos: El de los paceños de a pie, que se manifestaron por la permanencia de la sede de gobierno en su ciudad. El que le sirvió al MAS para mostrar de manera soberbia su “fuerza” ante el resto del país. Y el que le mostró a Bolivia cuán “democráticas” son las costumbres, las organizaciones y los métodos que pretenden instaurar los masistas en la república, evitando, por la fuerza, que un constituyente ingrese en el evento.

No recuerdo que Samuel Doria Medina haya sido nombrado personaje no grato en La Paz. Esa sería, tal vez, la única razón por la que un constituyente de dicha ciudad no podría ingresar y hacer uso de la palabra en la manifestación de una población a la que representa.

Pero esto hay que tenerlo bien claro. No fueron los paceños los que evitaron que el constituyente participara en el evento. Fueron unos cuantos bellacos, con ínfulas de reyezuelos, los que cometieron la atroz arbitrariedad.

Alguien preguntará: ¿por qué tanto lío por Doria Medina? No, no soy amigo de él ni militante de su partido. No es Doria Medina quien me preocupa. Lo que me inquieta es la facilidad con la que nos estamos acostumbrando a las poses autoritarias.

Es así, exactamente, como maneja las asambleas el MAS, en el trópico de Cochabamba, en las comunidades rurales, en donde sea que tiene poder. Ahí están los “policías sindicales”, una suerte de milicianos que ejercen el control político dentro de las asambleas, asegurándose de que los opositores y disidentes no ingresen, y menos hablen. Vigilando que nadie se desmarque, que todos mantengan la línea. Controlando quienes faltan o se duermen.

Los castigos pueden ser chicotazos o cosas peores. Castigos consumados en flagrante transgresión de la Constitución Política de Estado… sí, esa que ya teníamos, que siempre fue buena, con la que deberíamos quedarnos, y que en su artículo 6 dice: II. La dignidad y la libertad de la persona son inviolables. Respetarlas y protegerlas es deber primordial del Estado. Además en el artículo 7 referido a los derechos fundamentales dice: b) A emitir libremente sus ideas y opiniones por cualquier medio de difusión. Y en el artículo 12: Queda prohibida toda especie de torturas, coacciones, exacciones o cualquier forma de violencia física o moral…

Y los chicotazos y el lanzamiento de objetos a las personas, para evitar que emitan sus opiniones, para impedir que ingresen en una asamblea o cabildo ¿Qué son?… ¿caricias tal vez?

Son actos dictatoriales, totalitarios, tiránicos y arbitrarios, al más puro estilo de las dictaduras socialistas y fascistas. Actos que solo pueden ser ejecutados por personas que no tienen la más peregrina idea de lo que significa vivir en libertad y democracia, y respetando los derechos de los demás.

Esto comenzó hace mucho tiempo, con la prohibición a los partidos tradicionales de ingresar a ciertas comunidades a hablar con la gente, con la dictadura sindical siempre ejercida en el Chapare y otras zonas, con la prohibición a radios comunitarias no gubernamentales a emitir mensajes políticos, y ahora sucede en la concentración de La Paz.

¿Acaso no nos damos cuenta? Nos están diciendo “nosotros somos los únicos con derecho a hablar, y nosotros decidimos quién habla y quien participa, y quién es honesto y dice la verdad” ¿Nos estarán enterrando el puñal de la dictadura de a poco?

Lo sorprendente, una vez más, es la forma en que estamos asimilándolo. Después del cabildo, José Luís Paredes decía que ese es el carácter de los ponchos rojos, como si tuviéramos que comprenderlos a los pobres. Que actúan como policías sindicales tratando de proteger algo sagrado ¡Que maravilla, ahora tendríamos que felicitarlos seguramente!

¿Los bolivianos queremos vivir en libertad y democracia, o queremos ser esclavos? ¿Queremos un presidente o un emperador? Si lo que buscamos es ser los esclavos de un emperador socialistoide, estamos por buen camino. Pero si aspiramos a vivir en libertad y democracia, gobernados por un presidente constitucional, no podemos continuar tolerando este tipo de actitudes totalitarias.

Debemos mirar más allá de nuestras narices, observar este tipo de situaciones, y exigir que se nos gobierne respetando nuestra dignidad, nuestros derechos y nuestras libertades. En otros tiempos, si la policía nacional hubiera cometido dichas arbitrariedades, hubiese sido un escándalo nacional… pero esos eran otros tiempos… estos, son los tiempos del MAS.
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