Nuestra cultura política perjudica a Bolivia

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No hay que olvidar que todos los partidos políticos, de oficialismo y de oposición, los funcionarios públicos, todos quienes tienen a su cargo alguna responsabilidad estatal, son parte de la sociedad boliviana. Es decir, no han venido extranjeros a gobernarnos (cosa que nos brindaría la oportunidad de echarles la culpa de nuestras miserias) sino que somos nosotros, miembros de la sociedad, quienes formamos grupos políticos y nos hacemos cargo de los asuntos del Estado.

Las conductas perversas que nos han traído a donde estamos, son parte de la cultura política nacional. Dentro del conjunto de creencias y valores de la gente, respecto del poder gubernativo y sus órganos, están latentes el clientelismo, el patrimonialismo, el caudillismo, el victimismo y las malas concepciones de democracia. Estas, junto con otras creencias, forman parte de una cultura política deficiente, sobre cuya base, los ciudadanos bolivianos ejercemos nuestras funciones tanto en la vida pública como en la privada.

Pero vayamos por partes. Es cierto que todo gobierno, incluido el actual, buscó utilizar los bienes del Estado para comprar lealtades y adhesiones, formando redes clientelares que sirvan de sustento a la gestión gubernamental. Esta práctica funcionó en las épocas de la democracia pactada, y está funcionando hoy con el corporativismo. Los políticos utilizan lo que funciona, saben que la gente quiere recibir su parte del “pastel estatal”, mientras mejor repartan, mejor gobierno serán. Y no importa que el aparato productivo, cuyo fortalecimiento constituye la verdadera solución al problema estructural del empleo y la pobreza, termine en el último lugar de la lista de prioridades.

El patrimonialismo es una práctica generalizada. Los políticos, los de ayer y los de hoy, siempre consideraron que los bienes del Estado eran su patrimonio personal. La célebre frase de Max Fernandez: “hasta los ceniceros son míos” ilustra perfectamente cuán convencidos estuvieron de ser dueños de los partidos. En función de gobierno las cosas son iguales, los bienes muebles e inmuebles han estado para el uso y abuso de los ciudadanos en el poder. Como el Estado es de ellos, lo utilizan para dar empleo a sus parientes, a sus amigos, a los de su sindicato, a los que apoyaron o aportaron, sin importar si profesionalmente sirven o no. La gente cree que lo que es público es suyo para utilizar, pero no para cuidar. La propiedad estatal es de todos cuando de usufructo o destrozo se trata, pero no es de nadie cuando se habla de responsabilidad y mantenimiento.

Caudillos queremos ser todos, ADN era de Banzer, el MNR de Goni, el MIR del gallo, UN del cementero, AUN de Manfred, Podemos de tuto y, por supuesto, el MAS es de Evo Morales. Son los jefes imprescindibles, supremos e irreemplazables. Por algo en la AC el oficialismo busca reelección indefinida, porque el patrón, único e inimitable, es Evo. Distinto sería si hubiesen cambiado las cosas, sin caudillismo habrían decenas de líderes de donde escoger para la siguiente elección. ¿La sociedad se libra? Claro que no, cada dirigente de OTB, cada presidente de federación, cada autoridad desea ser un caudillo, un mesías, el único y verdadero dios.

El victimismo nos lo inculcan desde la escuela. Todos nuestros vecinos nos robaron injusta y cruelmente, los “buenos” bolivianos perdimos todas las guerras contra los “perversos” vecinos. Que los chilenos son los principales causantes de nuestro retraso económico, que los norteamericanos imperialistas nos someten y boicotean nuestro progreso, que los europeos nos dejaron la nefasta huella del colonialismo… y dentro de Bolivia son los k’aras racistas que nos oprimen, los empresarios que nos explotan, los latifundistas que nos esclavizan. Siempre buscamos culpables para nuestras desgracias, nunca asumimos la responsabilidad de nuestras vidas y terminamos siendo las pobres victimas de la película.

Finalmente nuestros conceptos erróneos de democracia. La democracia es ¿el poder del pueblo? ¿la libertad? El pueblo es el soberano y, como tal, tiene la libertad de hacer y pedir lo que le plazca. El pueblo tiene que gobernar y puede echar abajo incluso a la misma democracia. El pueblo tiene el poder de destruir instituciones, la libertad de saquear al Estado, la posibilidad de atropellar minorías, el derecho de violar leyes, la prerrogativa de transgredir libertades.

No podemos deshacernos de nosotros mismos y dejarnos en paz… pero Bolivia nunca va a cambiar si no empezamos por casa.

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Los viejos politiqueros perjudican a Bolivia

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Con el manejo patrimonial de la democracia y los bienes del Estado, creyendo que el país era su hacienda y que podían hacer con él lo que quisieran por tiempo ilimitado, los viejos políticos también perjudican a Bolivia. Una vez más, no son las leyes (como dijo el Presidente), son las personas incorrectas a las que les hemos estado dando el poder de definir nuestros futuros.

Hoy, decenas de politiqueros, (ir)responsables por la situación en la que nos encontramos, cómplices de la desinstitucionalización del Estado, están igual de contentos trabajando en la Asamblea Constituyente (AC), en movimientos opositores, e incluso en el mismo gobierno. MNRistas, ADNistas, MIRistas, NFRistas, si están en la oposición, sueñan con deshacerse del indio Presidente y reemplazarlo para, una vez mas, iniciar las prácticas nocivas acostumbradas por la politiquería. Si están en el oficialismo, quieren hacernos creer que son otras personas, o que los responsables del mal funcionamiento del Estado no eran ellos, que siempre fueron buenos, que los malos eran otros.

También existen los que pretenden mostrarse “progresistas” con sus actitudes tibias frente a las amenazas que están en cierne sobre nuestras libertades. Negando que la AC sea un fracaso, extendiendo sus sesiones, criticando al gobierno y también a “la derecha radical” que pide el cierre de la AC. Pretenden obtener algún rédito político de su “buen desempeño” en el “proceso de cambios” aunque sea como colaboradores, como alarifes del alarife.

¡Pero si son los mismos de siempre! Malos oficialistas y pésimos opositores.

Tenemos a los padres y a los hijos juntos. Del principal hijo (que perjudica a Bolivia) ya escribí el miércoles pasado, pero son los padres culpables de lo que hacen estos hijos. Eran dueños y señores de partidos políticos, nobles instituciones de la democracia liberal, que nunca cumplieron el rol que les tocaba porque sus dueños nunca se interesaron en lograrlo. Porque los únicos intereses y demandas que canalizaban esos partidos, eran los de sus dueños. Porque los partidos eran un instrumento para sus amos, no para la sociedad. Todas las instituciones republicanas fueron canales de consecución de los intereses de quienes las manejaban ¿y así querían fortalecerlas?

Porque todo era un show bonito, con slogans, discursos, cifras, maquillaje, publicidad, una máscara de “buen gobierno” ¡igualito que ahora! Pero con otro lenguaje.

Hoy, luego de que los partidos fueron desprestigiados por estos señores, la solución no fue deshacernos de los señores, ellos se deshicieron de los partidos. Ya no hay MIR, ADN y NFR, pero hay UN, PODEMOS y AUN ¿Encuentro a mi mujer traicionándome en la alfombra de mi casa, y lo soluciono tirando la alfombra a la basura?

Hoy nadie quiere formar un partido político y todos se aterrorizan de la posibilidad de que les llamen “políticos”… y en realidad, los partidos políticos siguen siendo las ilustres instituciones de la democracia liberal, cuya función es canalizar las demandas de la población, ser los instrumentos de interpelación ciudadana hacia el Estado. Si funcionaron mal, no es porque los partidos, como institución, sean malos, es porque las personas que los manejaban eran politiqueros, y no políticos.

La política, igualmente, no tiene nada de malo puesto que es el único instrumento que tienen las sociedades democráticas para solucionar sus conflictos sin acudir al derramamiento de sangre, es el único medio para construir consensos.

Necesitamos partidos políticos y no movimientos sociales, necesitamos políticos y no dirigentes sindicales, necesitamos política y no enfrentamientos en las calles. El cambio que pedían los bolivianos, y por el que votaron por Evo Morales, los seguimos pidiendo.

Yo no me haría problema si militara en un partido político y me llamaran “político”, lo que si consideraría un insulto, es que me llamen “tuto”, “goni” o “Doria Medina Cementero”, porque entonces me estarían diciendo “politiquero”.


¿Saben? ¡Gracias!… Pero como sabemos perfectamente que ustedes tampoco van a cambiar de actitud ¡también déjennos en paz!
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El Presidente perjudica a Bolivia

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No son las leyes, es el presidente quien perjudica a Bolivia. Lo digo como parte del grupo cada día más numeroso de personas que perdimos la esperanza de que Evo Morales y sus compinches vayan a cambiar el rumbo de la nave gubernamental ¿y es que alguien aun cree posible el milagro?

Desde su discurso de posesión, Morales se ha esmerado en promover una guerra entre bolivianos. Si no me creen, busquen sus discursos y léanlos, encontrarán constantes dosis de hostilidad contra los k’aras, los cambas, los empresarios, los opositores, los disidentes y en fin.

Desprecio, eso es lo que destila el Presidente, hacia las críticas, las opiniones, las instituciones, las personas, las leyes, las regiones… y ¿saben qué? Esos son los componentes de un Estado. Y no importa que su desprecio vaya dirigido solo a una parte de cada uno de estos elementos, eso realmente no nos sirve de nada pues, para poder seguir adelante, Evo Morales tendría que quedarse con el pedazo que no desprecia. Es decir, dividir el país.

No va a desistir de su ambición de ser reelecto ilimitadamente y perpetuarse en el poder imitando a su amigo, el dictador de la billetera grande. No va a parar de boicotear las gestiones prefecturales opositoras desde el poder central, y de asediar cada que se le antoje a las ciudades “rebeldes” a su mediocre proyecto político.

No va a dejar a un lado el discurso belicoso, la descalificación y el insulto. No va a manejar la economía responsablemente, abandonando las conductas rentistas, y fomentando la productividad y la generación de empleos. Tampoco va a exigir, como lo hace con Estados Unidos, que sus amigos dictadores saquen las manos de nuestros asuntos, para así dejar de ser el alarife de un proyecto de tiranía subcontinental.

No tiene la más mínima intención de dejar de comprar lealtades en las FFAA, municipios, sindicatos y otros con los petrocheques de su ídolo dictador de Venezuela. Ni por un instante se le va a ocurrir instruir a sus levantamanos de la AC que restituyan el tema de la capitalidad o someterlo a un referéndum nacional, mucho menos redactar una constitución decente, incluyente y reconciliadora.

No va a ser capaz, jamás de los jamases, de gobernar con la inteligencia y no con las hormonas, porque no le interesa ser un verdadero estadista, con ser experto en sindicatos y movilizaciones le basta. Ni por asomo se le va a ocurrir escuchar a las personas que le criticamos, no porque le odiemos, sino porque lo está haciendo realmente mal.

No le interesa, ni por un momento, que los odios, los racismos y la belicosidad se apoderen en mayor alcance e intensidad de los ciudadanos bolivianos, es más, los seguirá promoviendo y continuará enviando a quienes por ceguera o fanatismo están dispuestos a ser carne de cañón en su guerra contra la democracia y las libertades ¡claro, como no es él quien marcha contra su misma sangre! ¡Que fácil es jugar con cuero ajeno!

Tampoco le preocupa ni le va a preocupar que los hijos de los bolivianos no puedan jugar juntos por culpa de confrontaciones impulsadas por el Presidente más irresponsable de la historia de Bolivia. Será porque no tienen, ni él ni el compañero Álvaro esposas y menos hijos, que no saben que el peor daño que le están haciendo a la patria es enfrentarnos entre hermanos y hacernos creer que el otro es el enemigo, cuando verdaderamente los enemigos de la patria son ellos, que intentan destruirla con su ambición de poder, su soberbia, su egolatría y su miseria espiritual.

Va a continuar ignorando el incremento de los cultivos de coca y el consecuente aumento en la producción de cocaína, propiciando la humillación de los bolivianos que viajan al exterior, y destruyendo la moral antidrogas que tan difícilmente habíamos ganado.

En el último cuarto de siglo, los bolivianos nos enfrentamos a dictadores, luchamos por la democracia, peleamos contra la crisis económica, lidiamos con gobernantes corruptos, repudiamos injerencias extranjeras en nuestros asuntos, reducimos la producción de drogas, conquistamos nuevos derechos y formas de participación, conseguimos sentarnos, blancos, cholos e indios en el mismo congreso, logramos salir de crisis políticas terribles, avanzamos intelectual, política y económicamente a pesar de las dificultades. Pero nunca habíamos tenido que luchar contra nuestra propia sangre, nuestros vecinos, nuestros hermanos, nuestra gente.


¡Gracias, Presidente… pero si piensa continuar con esto, mejor déjenos en paz!
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Elecciones en la UMSS

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Después del desastre del 15 de julio pasado, finalmente la Universidad Mayor de San Simón, no sin problemas, pudo elegir nuevas autoridades.

Docentes, estudiantes y administrativos demostraron que la democracia puede más que la violencia, la demagogia y la intolerancia, salvaguardando un proceso electoral amenazado de muerte. Cadenas de administrativos resguardando el movimiento de ánforas escrutadas, docentes transportándolas responsablemente, estudiantes vigilando que no sean asaltadas. Un verdadero trabajo de equipo que refleja las grandes posibilidades de salir adelante que tiene la institución. Este es un hecho digno de felicitaciones.

Sin embargo es necesario puntualizar algunos aspectos. Tal y como lo manifesté en un artículo del 20 de junio pasado, es necesario que todos los actores responsables del funcionamiento de la UMSS se deshagan de ciertos tabúes. La autonomía universitaria no implica que no se pueda solicitar los servicios de otras instituciones. San Simón no tiene fuerzas del orden, bomberos, fábricas de gaseosas y en fin… en la elección del viernes, la policía (igual que el día del desastre) no ingresó a la U para no “atentar” contra la autonomía universitaria (e hicieron bien) pero si en determinada situación, San Simón necesita proteger instalaciones, garantizar la paz, arrestar a un criminal, o algo por el estilo, debiera ser iniciativa de las autoridades universitarias solicitar el servicio requerido.

El acto electoral se llevó adelante, pero los grupos trotskistas decadentes apostaron, una vez más, por la violencia a plan de dinamitazos, pedradas y otros. Por el otro lado, estudiantes hartos de las actitudes destructivas de dicho grupo, decidieron corregir un error con otro, e incendiaron la sede de la FUL (hecho igualmente bárbaro) Ambas cosas se podrían haber evitado si la policía hubiese coadyuvado en la seguridad, no solo del evento, sino de los actores y las instalaciones de San Simón (que no son de los trotskistas, sino de la gente) Posteriormente los bomberos no sabían si ingresar a la Universidad para detener el fuego, pues creían que atentarían contra la autonomía, o intentar apagarlo desde la calle. Afortunadamente sí ingresaron y lograron controlar la situación.

Otro aspecto importante es que la Universidad tiene que entender que, a pesar de haber elegido autoridades, nuevecitas de paquete, la crisis institucional continúa, y la única forma de resolverla es a través de importantes y urgentes reformas que han venido quedando en el tintero desde hace mucho. Por eso creo de vital importancia la Convocatoria al Segundo Congreso de la UMSS, que es la instancia (y espero no equivocarme como en la constituyente) donde todos los actores de San Simón debiéramos arreglar todos los problemas que aquejan a nuestra institución, con espíritu constructivo, conciliador, y sin pensar (como se hizo con la constituyente) que el Congreso sirve para acaparar, ganar, mantener, someter y otras yerbas perjudiciales. Las palabras son construir, dialogar, mejorar.

Es obvio que hay grupos cuyos intereses se pondrán en juego. Los que gobiernan la universidad como si fuera su hacienda y no quieren cambiar nada, y los trotskistas que quieren que la hacienda pase a sus manos para hacer tres cuartos de lo mismo con ella. Todos ellos intentarán convertir el Congreso en un instrumento para alcanzar sus innobles fines, y por ello tendremos que estar muy atentos para evitar que la sinrazón se apodere de San Simón.

¿Podrá la Universidad mostrarle a la sociedad boliviana los que debió ser la constituyente? ¿Tendremos la capacidad intelectual necesaria para iniciar un proceso de modernización, excelencia y rigor científico? No lo se.

Lo que sí se es que el futuro de dicho proceso estará en manos de quienes acuden a las urnas a elegir representantes, ese es el momento decisivo en democracia, no otro. No podremos quejarnos más tarde de los actos de quienes hayamos elegido. No podremos decir “yo creí que iban a ser menos radicales en el Congreso” o “yo pensé que ahora sí velaría por los intereses de todos” No es un asunto fácil, pero habrá que saber reconocer quiénes son los radicales destructores, y quiénes son sus creadores, para no otorgarles ningún poder. De otra forma, estaremos perdidos.

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