Anatomía de una maldición

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Cuando aparece un recurso natural con fuerte demanda internacional, los Estados suelen concentrar sus esfuerzos en aprovechar los beneficios de su exportación, descuidando el aparato productivo y, consecuentemente, desindustrializándose. Esto, muy lejos de generar riqueza y mayor equidad, lo que hace es profundizar y extender la pobreza, y condenar a dichos Estados al subdesarrollo. Esta es, básicamente, la “maldición de los recursos naturales”

En “La Trampa del Rentismo” nos advierten que, aunque dicha maldición no se constituye en una regla general, los casos de Estados que supieron aprovechar los beneficios de un recurso natural de alta demanda, fortaleciendo y diversificando su aparto productivo, y generando empleos, son muy escasos, y requieren de instituciones muy sólidas, y de ausencia de comportamientos rentistas en las sociedades.

Los autores identifican, en base a estudios históricos y de campo, cuatro principales males característicos de nuestra cultura política, y que coinciden con los patrones de sociedades que han sufrido de la “enfermedad holandesa”: El rentismo, el corporativismo, el estatismo, y el clientelismo.

El rentismo es el deseo de obtener ingresos de una fuente trabajada, o aprovechada por otros, sin ninguna intención de destinar esos ingresos a inversiones productivas o de invertir algún esfuerzo físico o mental para lograr que se multipliquen.

El corporativismo surge de la imposibilidad de lograr la consecución de un fin de manera individual, y de la alta probabilidad de conseguirlo de manera colectiva.

De la combinación de los dos primeros elementos obtenemos al “rentismo corporativo”, que es el mecanismo que permite a determinados grupos, presionar al poder político, y obtener del Estado beneficios que no equivalen a sus esfuerzos, y que no necesariamente se traducen en dinero (pueden ser subsidios, servicios públicos, puestos en la administración pública, etc..).

El estatismo es la creencia de que el Estado es una suerte de “padre” que debe repartir la riqueza, e intervenir y controlar todos los ámbitos de la economía.

Y cuando un gobierno aplica políticas rentistas, muy aplaudidas por una sociedad que lo ve como un “padre” cumpliendo con su deber al repartir los recursos, está generando redes clientelares. Está convirtiendo a los grupos corporativos de su sociedad en sus clientes y, de esa forma, a la vez que compra sus lealtades, apoyos, silencios, etc… está alentando los comportamientos rentistas.

Los cuatro males están presentes dentro del conjunto de valores y creencias (cultura política) de la sociedad boliviana, desde mucho antes de lo que creemos.


Este es un estudio muy revelador para quienes están interesados en el rentismo propiamente dicho, y también para quienes quieren conocer ese elemento de la cultura política boliviana al que los politólogos llamamos clientelismo.
Autores del libro: Roberto Laserna, José M. Gordillo y Jorge Komadina
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Esas cosas rectangulares llenas de letras

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Hoy se inicia la primera Feria del Libro de Cochabamba, y no es poca cosa. Una de las variables a través de las cuales se mide el desarrollo de una sociedad es la lectura. ¿Cuánto lee? ¿Cuánto escribe?

Una de las razones es, aunque a algunos no les guste mucho, que a través de los libros podemos observar, aprender y, de ser necesario, adaptar experiencias de otras naciones respecto de sus formas de organización y administración. Conocer las observaciones hechas a problemas concretos, las teorías de posibles soluciones elaboradas en las mesas de diseño, las experiencias obtenidas de sus intentos de aplicación, las nuevas observaciones resultantes de las experiencias, las nuevas teorizaciones, las nuevas experimentaciones, y los siguientes o futuros ciclos necesarios para perfeccionar los modelos propuestos.

Pero no todo son estudios, teorías y análisis de experiencias. Los libros, esas cosas rectangulares, llenas de letras, y que no hacen: Bip! Bip! Bip! (para los que recuerdan la historia sin fin) también entretienen, apasionan, erotizan, entristecen, exasperan, etc… Pueden arrancarnos de la realidad o introducirnos en ella más profundamente.

Debo confesar que, a diferencia de algunos amigos míos que leen desde pequeños, yo descubrí el gusto por la lectura en la adolescencia. La política, la historia, la fantasía y la ciencia ficción, terminaron apasionándome. Pero mientras más temprano nuestros niños adquieran tan bello hábito, mejor para nuestra sociedad.

Los habitantes de Cochabamba tenemos que demostrar que este esfuerzo no es vano. Es cierto que la primera impresión es fundamental para las siguientes ferias. Si la primera resulta exitosa, habrá razones de sobra para organizar una cada año. ¿Y en qué radica el éxito? Principalmente en tres cosas: La asistencia de los participantes (editoriales, autores y otros) que ya es una primera parte del éxito en el número cabalístico de 33. La asistencia del público, lectores asiduos, curiosos, candidatos a lectores que, al asistir masivamente, garantizan la segunda parte del éxito. Y el siempre complicado éxito comercial, que se mide de acuerdo a la cantidad de obras vendidas durante y después de la feria, que vendría a ser la tercera parte.

¿Qué les digo? Este es un gran primer esfuerzo por mantener e incrementar el hábito de la lectura en nuestra ciudad, y creo que es nuestra obligación cívica e intelectual ponerle el hombro asistiendo y comprando. Deberíamos invertir el presupuesto de algún viernes en lectura y generación de escritura porque, no nos hagamos a los locos, con lo que gastamos en un fin de semana, por lo menos podemos adquirir un par de libros. Solo es cuestión de visitar la feria, ubicar los rectángulos con letras del género apropiado, y llevárselos a casa.

Habrá libros para cada gusto, tamaño y género de persona. Tendremos la oportunidad de conversar con autores y presenciar presentaciones de nuevas obras. Lo único que hay que hacer es asistir y enterarse de la agenda de la feria.

El evento estará en funcionamiento hasta el 21 de octubre, y dada la cantidad de participantes, y el montón de libros que pondrán a disposición de los visitantes, seguramente tendremos que destinar un par de días para lograr una exploración más o menos completa de la feria.

Los que tengan novia, vayan con ella. Los que tengan hijos, vayan con la familia. En grupos de amigos, colegas de trabajo, en solitario, todo vale, lo importante es que las manos y las mentes que se empeñaron en que la Primera Feria del Libro de Cochabamba se hiciera realidad, sientan que la sociedad cochabambina aplaude sus esfuerzos a través de una masiva asistencia. Y aunque parezca porfiado, no cuesta nada suspender los gastos de un viernes de octubre para adquirir un par de libros de nuestros autores que, créanme, en Bolivia no van a poder hacerse ricos, ni ellos, ni las editoriales, vendiendo libros. El mercado es muy pequeño, pero podemos demostrarles que, aunque pequeño, es un buen mercado.
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Estado débil=ciudadanos en las calles

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El Presidente tiene que darse cuenta, esperemos que más temprano que tarde, de que la profundización de la debilidad de las instituciones del Estado es sumamente peligrosa para todos, incluido él.

En Arani, provincia cochabambina, muere un normalista a causa de un impacto de arma de fuego. El Presidente niega que se le haya ordenado a las FFAA utilizar armamento letal, y agrega, que si el proyectil provino de un arma de la institución castrense las FFAA pueden abandonar al gobierno de Evo Morales.

Más allá de declaraciones demagógicas de Morales, el fondo del problema pasa por un absoluto desprecio del gobierno hacia la institucionalidad. Es cierto que no podemos cargarle todo el muerto de la desinstitucionalización a Evo Morales, este es un proceso que, según Cayetano Llobet, empieza, o por lo menos da una primera señal de alarma en el año 2000 con la “guerra del agua”, pero que posiblemente se fue incubando desde el retorno de la democracia y, entre otras cosas, a causa de nuestra cultura política deficiente. Pero sea como fuere, lo que sí le podemos recriminar al gobierno del MAS es el no haber hecho nada por restituir las vías institucionales para la convivencia en sociedad, y más bien estar profundizando su debilidad a través de absurdos e irresponsables ataques a las instituciones que no actúan de manera sumisa y complaciente a su régimen.

La posibilidad de resolver conflictos, interpelar al poder gubernativo, plantearle problemas, demandas y soluciones, a través de canales institucionales, no solo que no está funcionando, sino que se está convirtiendo en el último de la lista de recursos en el imaginario de los ciudadanos. ¿Por qué? Preguntaremos nosotros ¿para qué? Si los canales regulares no funcionan nos responderá la gente.

Este proceso se constituye en un círculo letal para la vigencia del Estado: Primero las instituciones no funcionan muy bien, luego los ciudadanos acuden, en algunas ocasiones, a recursos extra-institucionales para resolver sus problemas. Como los ciudadanos empiezan a dejar de utilizar vías institucionales para la consecución de sus metas, éstas pierden importancia, los gobiernos no las fortalecen, otros ciudadanos ven que los canales extra-institucionales dan mejores resultados, y más gente decide acudir a las movilizaciones, y se comienza a formar el poder de las calles. Esto, evidentemente, debilita aun más a las instituciones, convence aun más a la población de su inefectividad, y alienta aun más la utilización de recursos irregulares.

Este es un proceso que nos puede llevar a la destrucción de Estado, institucionalmente hablando, pero que implica la destrucción de los términos de convivencia pacífica y ordenada dentro de cualquier sociedad. Hoy, en Bolivia todos acudimos a mecanismos extra-institucionales para resolver nuestros problemas porque las vías regulares no funcionan. Los corporativismos no solo están de moda sino que además gobiernan, convencidos de que las instituciones no sirven. El MAS, a través del poder del Estado, hace grandes esfuerzos por arruinar la institucionalidad, es el Estado destruyéndose a si mismo.

La mayoría de los conflictos que vivimos día a día, se podrían resolver en instancias formales como se hace en los países institucionalmente fuertes. El Estado es una máquina administrativa y política que, cuando funciona bien, administra de manera eficiente y resuelve divergencias sin necesidad de que los ciudadanos tengan que salir a las calles y enfrentarse con las fuerzas del orden o entre ellos.

El problema es que señor Evo Morales y sus colaboradores son unos completos desubicados, creen, por fortuna, que la debilidad del Estado no les afecta a ellos, que solamente perjudica a los opositores, oligarcas y contrarrevolucionarios (como diría el compañero Álvaro). Si fuera así, las movilizaciones ciudadanas provendrían solamente de dichos sectores de la población. Pero innegablemente, también estamos presenciando movilizaciones de sectores afines al gobierno y/o otrora afines a él.

La fortaleza del Estado, por otro lado, nos beneficia a todos. Los ciudadanos podemos trabajar tranquilos sabiendo que nuestros asuntos con el poder gubernativo se discuten a través de tribunales, partidos políticos, congreso, consejos municipales, consejos departamentales, defensorías, normas legales, etc… y el gobierno puede trabajar tranquilo, sabiendo que los líos en las calles serán casos anecdóticos de alguna ocasión en que las instituciones cometieron un error, porque su comunicación con la gente es muy fluida, y funciona muy bien, a través de las instituciones de la democracia liberal.
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Dudas razonables

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Hace unos días se publicó una entrevista realizada al ex ministro Carlos Sánchez Berzaín. Él afirma que Evo Morales habría gestado un golpe civil en octubre del año 2003, utilizando dinero venezolano, y apoyo de Cuba y las FARC.

No es, de ninguna manera, una teoría que debamos aceptar o desdeñar a la ligera. Los que consideramos que Morales y su entorno no son ningunos tontos, los que sabemos que a veces se hacen a los desentendidos pero que en realidad saben exactamente lo que buscan, creemos que pudieron perfectamente haber planificado todo lo sucedido en esa fatídica semana.

¿Y por qué no? No sería la primera vez en la historia de la humanidad ni de Bolivia que un grupo de personas logran, exitosamente, llevar adelante una conspiración contra un régimen equis. Evo Morales ya había demostrado tener vínculos muy sólidos con el tirano de la billetera grande, con el dictador de Cuba, y con muchísimos grupos y ONGs alrededor del mundo, todos ellos, antítesis de lo que representaba Goni en Bolivia. Además siempre es bueno considerar que, igual que los liberales, los partidarios de los totalitarismos han globalizado sus esfuerzos y han convertido la pugna por el poder en una guerra planetaria. Ya lo fue durante la guerra fría, lo es más aun en las épocas de la globalización.

El terrorismo, el neonazismo, el neomarxismo, y todas las ideas intolerantes, se promueven a través de los mismos medios que lo hace el liberalismo, medios provistos por la tan odiada globalización.

Por ello, los posibles vínculos de nuestro gobierno con el millonario especulador George Soros, y por los que Evo no se atrevería a nacionalizar San Cristóbal (Soros es accionista mayoritario de dicha empresa) son, también, perfectamente posibles.

De ser cierto todo lo dicho, es absolutamente lógico que los ex gobernantes teman por sus vidas, y duden de la posibilidad de recibir un trato imparcial a la hora de responder por sus actos en octubre. También sería justo incluir en ese juicio a los responsables de azuzar a las masas para que estas sirvan de carne de cañón en un complot premeditado.

El gobierno nacional ya nos ha demostrado en muchísimas ocasiones, y con varios temas, que su afán no pasa por la imparcialidad o la neutralidad. Hay movilizaciones sociales “buenas” a las que se les permite hacer lo que les plazca, y hasta se les manda alimentos de defensa civil, y hay movilizaciones sociales “malas” a las que se reprime sin contemplación como en gobiernos anteriores. Hay ciudadanos “especiales” como los constituyentes o el presidente, que pueden ignorar el mandato de la ley flagrantemente, y nadie les dice ni hace nada, y estamos los “mortales” que debemos respetar las leyes sin chistar. Se defiende la soberanía de Bolivia frente a los países ideológicamente distintos, pero se permite que Chávez amenace a ciudadanos bolivianos y que, junto con el dictador de Cuba y muy pronto Irán, influya en los asuntos del Estado boliviano. Y existen muchos otros botones de muestra.

Todo esto nos lleva a plantearnos dudas absolutamente razonables respecto de la conveniencia de que el gobierno aborde ciertos emprendimientos delicados como: Coadyuvar en la reforma universitaria, redactar una nueva constitución, enjuiciar a los protagonistas de octubre 2003, etc. Y en realidad, cuando un gobierno muestra tantas actitudes de parcialización, pierde la confianza de la gente, y su ejercicio mismo del gobierno parece un asunto terriblemente peligroso para la sociedad.

Los hechos y las señales, lejos de ser alentadores, nos permiten pensar que todo estaría orientado a favorecer a ciertos sectores o personas, y perjudicar a otros. Que el ejercicio del poder se ha convertido, para el MAS, en un instrumento para lograr metas poco claras, pero con tendencias revanchistas, autoritarias y prorroguistas, destinadas a ser parte de un bloque de países “contestatarios al imperialismo” con patrones comunes respecto del funcionamiento de la política, la economía y las libertades.

Habrá que esperar en estado de alerta. Thomas Jefferson, un gran presidente de un país que se ha convertido en una potencia dijo: El precio de la libertad es la eterna vigilancia.

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