Mensaje a la Nación

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Bolivianas y bolivianos, queridos compatriotas:

Bolivia se encuentra en una profunda encrucijada. No podemos negar que desde 1982, cuando recuperamos la democracia, emprendimos grandes e importantes avances hacia el progreso, la modernidad y la coexistencia pacífica, teniendo como norte los principios de libertad, igualdad y justicia, consagrados tanto en nuestros preceptos constitucionales como en nuestro himno nacional. Pero sería muy necio no admitir que también carecimos de la altura, el valor y la honestidad necesarias para lograr, en base a cada esfuerzo individual y a un espíritu de superación casi inexistente, superar tantos males como la pobreza, el desempleo y la corrupción. El eliminar todos estos males que han acechado y aun acechan nuestros destinos, fue la plataforma electoral de todos los gobiernos que asumieron el mando de la nación, antes de la recuperación de la democracia, pero muy especialmente desde 1982. Cada uno de los gobiernos pasados, con luces y sombras, y podría ser que con más sombras que luces, hizo un importante aporte en la construcción de la nación muy a pesar de todos los errores y delitos que pudiesen haberse cometido durante el proceso; eso es algo que no nos podemos negar a reconocer, puesto que si afirmáramos que todo en nuestra historia fue crimen y crueldad, que nunca ningún boliviano, gobernante o ciudadano, hizo nada bueno por su tierra, estaríamos viendo nuestra historia de una manera cínica, enseñándole a nuestros hijos que los bolivianos somos incapaces de patriotismo, y condenándolos a abandonar toda esperanza en un futuro mejor.

Tenemos, entonces, la historia de una gran nación, cuyos habitantes tuvimos que luchar contra muchas injusticias, como el voto restringido y la dictadura, luchas de las que salimos victoriosos y con los brazos en alto. Que no se diga nunca que los bolivianos no vencimos batallas contra la injusticia, porque quien lo diga será un vil mentiroso. Sin embargo no fue suficiente, no es suficiente, y verdaderamente nunca lo será, porque la batalla por la libertad, la igualdad y la justicia, es una tarea eterna, en la que solamente pierde quien se rinde, quien abandona el proceso de construcción de, como diría Bolívar “una patria liberal que nos cobije a todos”

Hoy encontramos un nuevo mal contra el que luchar, un mal que está intentando, desde dentro, destruir todo lo que hemos conseguido, derrumbar todo lo que hemos construido, y corroer el corazón mismo de la nación boliviana. Nuestras frustraciones, nuestros fracasos y nuestras insuficiencias, puesto que a veces no nos podemos explicar cómo es que después de tanto esfuerzo hayamos avanzado tan poco, están siendo aprovechadas por los políticos, haciéndonos creer que esta es una guerra de bolivianos contra bolivianos, ya sea por el color de piel o zona geográfica en que se habita; estos nefastos personajes, con el único objetivo de preservar o ampliar su poder, nos están arrastrando dentro de una vorágine de odio y violencia, de la que inevitablemente solo saldremos más lastimados, con mayor rencor, y con menos posibilidades de reconciliación. Tengan la seguridad de que los políticos que nos han empujado a la confrontación no encabezarán las luchas entre bolivianos, ellos permanecerán tranquilos, cómodos y en abundancia en sus casas, mientras nos mandan a morir por sus ambiciones, sus resentimientos y sus locuras.

¿Es que acaso no merecemos algo mejor que el odio y el enfrentamiento? ¿Es necesario que perdamos la paz y la libertad por completo, para apreciar su verdadero valor? ¿Estamos dispuestos a destruir nuestra nación, y a destruirnos a nosotros mismos, por defender a quienes circunstancialmente están en el poder? ¿No existe un camino de amor en lugar de odio, de sabiduría en lugar de violencia, de concertación en lugar de imposición, para continuar construyendo un mejor futuro para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos? ¿Se ha vuelto tan pequeña Bolivia, que no alcanza para albergar a todos sus hijos? ¿No será que nos han hecho creer, para defender sus intereses particulares, que somos tan distintos, siendo en realidad tan parecidos y teniendo tantos problemas comunes contra los que necesariamente tenemos que luchar unidos?

Yo estoy convencido de que la división de Bolivia, las peleas de hoy entre hermanos, son fruto solamente del egoísmo de los políticos. Ellos no quieren retroceder en sus ambiciones, y en su mezquindad, nos están destruyendo a todos.

Bolivianas y bolivianos, recordemos las sabias palabras de nuestro Libertador, en su discurso de entrega de la primera Constitución de la República de Bolívar, el 25 de mayo de 1826: “Vuestro deber os llama a resistir el choque de dos monstruosos enemigos que recíprocamente se combaten, y ambos os atacarán a la vez: la tiranía y la anarquía forman un inmenso océano de opresión, que rodea a una pequeña isla de libertad, embatida perpetuamente por la violencia de las olas y de los huracanes, que la arrastran sin cesar a sumergirla. Mirad el mar que vais a surcar con una frágil barca, cuyo piloto es tan inexperto.”

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Instituciones, autonomías y estúpidos

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En sus afanes por conseguir sus metas, en su deseo de eliminar al adversario o simplemente por sus ánimos guerreros, casi todos los movimientos políticos y hasta ciudadanos están cometiendo un monumental error, a saber, atacar la institucionalidad sin ton ni son, y sin meditar en las consecuencias que ello podría acarrear a mediano y largo plazo.

Las cortes electorales, por ejemplo, están siendo acosadas por las más disímiles demandas provenientes de todos lados. Que si tienen que seguir adelante con el referéndum revocatorio, que si tienen que rechazarlo, que si continúan les vamos a demandar, que si lo detienen serán enjuiciados. Hemos llegado al absurdo antidemocrático y fascista de amenazarlas con ser tomadas por movimientos sociales si se pronuncian contra el referéndum revocatorio, y ni que decir de las muchas amenazas y sugestivas llamadas que estarán recibiendo, entre anónimas y no anónimas, de gentes que les piden renunciar, pronunciarse, o quién sabe cuantas cosas más. Pobres quienes, en un momento en que la institucionalidad (la poca que queda) estorba a veces a unos y otras veces a los otros, tratan de defenderla desde el fondo de sus conciencias.

Yo creo en la honestidad de la mayor parte de los vocales de las cortes electorales… para ser más claro, debo decir que solamente dudo de la integridad del señor Exeni. Pero la duda sobre una persona no es suficiente para que destruyamos y ataquemos la institución, y menos aun si ésta esta compuesta por muchas personas, cuya integridad no está en duda. Entonces, creo que debemos exigir que todos, oficialistas y opositores, dejen en paz a las cortes electorales.

Otra estupidez es la cometida por el gobierno al atacar a la magistrada Salame del Tribunal Constitucional. El ministro es estúpido cuando vierte criterios tan irracionales contra ella, y es doblemente estúpido porque no se da cuenta (o tal vez si) de que en realidad está atacando, desde el Estado, a un órgano fundamental del mismo. A estas alturas sería ingenuo pensar que al MAS le importa en algo la institucionalidad ¡si fueron ellos los que descabezaron al Tribunal Constitucional! Son ellos, los que desde el Estado, están destruyendo al Estado. Pero valga la redundancia, porque la hago deliberadamente y con mucho gusto, el ministro es un estúpido de atar.

Si al MAS y a sus aliados Podemos y UN les interesara el retorno a la legalidad, si de verdad estuviesen preocupados por la constitucionalidad, ya habrían nombrado a los miembros faltantes del Tribunal Constitucional. Pero seamos sinceros, a los únicos a los que nos interesan esas cosas, es a los ciudadanos que no tenemos ningún poder para conseguirlas. Eso es, por supuesto, obvio ¿para qué sirven las constituciones? Para limitar el poder del Estado, y por lo tanto de los políticos ¿Quién se hace cargo de velar por que la Constitución se cumpla a cabalidad, y por lo mismo, porque el poder de los políticos sea efectivamente limitado? El Tribunal Constitucional. Entonces, es como pedirles a los ratones que ellos mismos busquen un gato para la casa; lo harán, por supuesto, el día que la luna sea de queso.

Otros estúpidos son los responsables del retraso del proceso autonómico cochabambino ¿quiénes son? El Comité Interinstitucional. Se que a muchas personas de dentro del Comité les molestará que generalice de esa forma, pero si les molesta lo suficiente, tienen que ser capaces de decir claramente, con nombres y apellidos, quiénes son los responsables de que se esté jugado con la ilusión de decenas de miles de cochabambinos que firmamos por un nuevo referéndum autonómico, tratando de utilizar los libros para favorecer sus intereses personales, pretendiendo utilizar la bandera autonómica, pero sobre todo y más grave, guardándose los libros firmados por ciudadanos, para fortalecer, consolidar o posicionar una candidatura para las elecciones municipales o prefecturales.

A ver si se enteran muchachos, toda esa porquería de maniobras políticas, falta de respeto a la ciudadanía, y deshonestidad, entre otras cosas, han sido el caldo de cultivo para el nacimiento del MAS, que reproduce, no peor, sino exactamente igual los mismos vicios. Es facilito, mientras el comportamiento deshonesto y politiquero continúe, el MAS continuará; mientras ningún político muestre que tiene la talla de estadista, de los que dicen la verdad incluso a costa de su popularidad, de los que creen en algo y lo defienden incluso cuando no está de moda hacerlo, Evo Morales continuará. Las oposiciones tienen el oficialismo que merecen, después no se quejen.

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¿Arruinarla para cambiarla?

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El martes de la semana pasada vi a Adolfo Mendoza, miembro de la REPAC, en el programa “Que no me pierda” de la red UNO, desnudando la que me perecería una vil estrategia de propaganda a favor del texto constitucional del oficialismo. Cuando Mauricio Méndez planteaba lo injusto de las reglas de juego del referéndum revocatorio, Adolfo promocionaba su texto constitucional diciendo que en él se establecían reglas de juego justas y que quienes impulsaban los referéndums eran los ciudadanos y no las autoridades. Luego hizo referencia al hecho de que en dicho texto constitucional, aprobado con muchas ilegalidades y con tres muertos, y modificado del cuartel de Sucre a Oruro y de Oruro a La Paz, contempla la figura de las autonomías, demandadas por varios departamentos del país. ¿Será que el MAS está intentando utilizar la desinstitucionalización como pretexto para conseguir el apoyo de los ciudadanos para un texto constitucional que tiene tantísimos peros, ambigüedades e incoherencias?

Pareciera que la estrategia es violar la constitución vigente lo más que se pueda para demostrar que no sirve, transgredir sistemáticamente los preceptos constitucionales para que parezca que la actual Constitución no es capaz de acompañar la dinámica y las demandas sociales, y que por lo tanto, es necesario y hasta urgente, aprobar el texto por el que se han generado tantos problemas y confrontación. Esta estrategia, si bien puede dar algunos frutos para el oficialismo, y además de ser una falacia, sería una canallada a expensas de los ciudadanos que no tienen ni idea del derecho constitucional y sus procedimientos.

Una falacia por dos razones: En primera instancia porque es obvio que si ya va cerca de un año que no se restituye el Tribunal Constitucional, puesto que no les da la gana de hacerlo ni a los del MAS ni a sus aliados de Podemos, y sin importar cuan avanzada o maravillosa pueda ser cualquier Constitución, se irán acumulando cada vez más actos, normas, y eventos cuya constitucionalidad esté en duda, pero no porque la Constitución no sirva, sino porque precisamente para eso se crearon los tribunales constitucionales, porque nunca faltan los que, aun con esa institución funcionando, intentan llevar adelante alguna acción inconstitucional. Tan solo pongámonos a pensar, si funcionando el TC existían autoridades que llevaban adelante acciones inconstitucionales, que dicha instancia tenía que anular (como el desafuero al diputado Evo Morales en las gestión del funesto Jorge Quiroga), es más que obvio, y no hay que ser un gran adivino para deducir que al no funcionar dicha institución, encargada de velar por el control de la constitucionalidad, van aparecer cada vez más acciones, y cada vez menos disimuladamente inconstitucionales. ¿Eso es porque nuestra Constitución Política del Estado no sirve? ¿Por qué no satisface las demandas y necesidades ciudadanas? No, es porque hemos dejado al gato fuera de combate y ahora los ratones viven una fiesta indefinida.

En segundo lugar, es un argumento falaz porque todas las demandas y necesidades de la dinámica social pueden ser introducidas en el actual texto constitucional a través del procedimiento de las reformas parciales. ¿La revocatoria de mandato? Con reglas justas y como iniciativa de los ciudadanos puede, perfectamente, ser incluida en la Constitución Política vigente. ¿Las autonomías departamentales? Con claridad en atribuciones nacionales y departamentales, en consenso con las regiones, y ajustando muchos puntos de los estatutos autonómicos, pueden ser incluidas en la Constitución Política vigente. ¿La representación indígena? Aunque no estoy de acuerdo con las discriminaciones positivas o negativas, también puede ser incluida en nuestra Constitución; además especificando a qué será proporcional dicha representación, y no como en el texto del oficialismo que simplemente dice “proporcional” y que da lugar a interpretaciones como: 1. Proporcional a la representación no indígena (50% y 50%). 2. Proporcional al 65% de indígenas que existen en Bolivia según el último censo. 3. Proporcional al porcentaje real de indígenas que hacen vida comunitaria, que aplican el intercambio en lugar de la moneda, etc.

Entonces que quede claro, los innumerables actos inconstitucionales e ilegales tanto de oficialistas como de opositores, no son causados por la necesidad de nuevas leyes (que sin embargo deben cambiar evolutivamente), sino porque estamos rodeados de una gran cantidad de ineptos que han aprovechado la inestabilidad política e institucional para tratar de hacer lo que les venga en gana, en lugar de esforzarse por restituir el Estado de Derecho.

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¿Cuáles dilemas?

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Últimamente escucho a muchas personas expresar su confusión o decir que se encuentran frente a un dilema cuando piensan en qué decisión tomar para el diez de agosto. Aparentemente esto se debe al sinnúmero de elementos políticos que han confluido en la coyuntura y, especialmente, en el debate para el referéndum revocatorio.

Es así que algunos creen que decirle “no” a Evo Morales sería equivalente a decirle “si” a Tuto Quiroga, Manfred Reyes y/o la autonomías. O tal vez decirle “no” a Morales sería como manifestar el deseo de volver a las “antiguas” prácticas políticas. Otros creen que el hecho de participar en el referéndum sería avalar una ilegalidad, y por ello, consideran la posibilidad de abstenerse o tal vez anular su voto. Algunos piensan que, a juzgar por las reglas injustas impuestas por el MAS y Podemos, lo que deberían hacer es votar “no” al MAS y anular su voto en la parte de la papeleta referida a las prefecturas.

Pero veamos las cosas de manera más lógica. ¿La ley aprobada por los tontolones de Podemos es injusta e inconstitucional? Si, pero ¿podemos hacer algo al respecto? ¿Exigir que se hagan los nombramientos del Tribunal Constitucional? esa es una buena opción, pero a estas alturas difícilmente los van a nombrar antes del diez de agosto, porque además no les conviene, hablan mucho de legalidad pero en el fondo se sienten muy cómodos cometiendo delitos. ¿Evitar que se realice el referéndum por la fuerza? No, eso sería caer en las mismas actitudes antidemocráticas y fascistas del gobierno y sus grupos de choque. ¿No votar, votar blanco o votar nulo? Cada ciudadano tiene el derecho de hacerlo en cualquier elección, pero en el caso particular del referéndum de la alianza MAS-Podemos, no solucionamos nada, de todos modos el acto eleccionario se va a llevar adelante. Entonces la única opción que nos queda como ciudadanos es votar. ¿Que votando estamos avalando una ilegalidad? Es cierto, pero hay cientos de simpatizantes del MAS y de Podemos (si es que aun le quedan) que van a avalar las trampas y cochinadas de sus partidos, y que van a estar chochos de la felicidad si nosotros decidimos no votar en repudio a sus triquiñuelas. Entonces, una vez más, tenemos que olvidar lo que quisiéramos, o lo que debería ser, y tomar decisiones en base a lo que es, y hacer lo que podemos hacer que, creo yo, es votar en esa porquería de referéndum.

En cuanto a las otras disyuntivas, las preguntas del referéndum se refieren solamente a la continuidad o no de las gestiones de ciertos funcionarios públicos, así de simple, los ciudadanos que estén conformes y de acuerdo con el desempeño y la visión del Presidente, votarán porque se quede, y si están de acuerdo con el desempeño y la visión del Prefecto, también le pondrán un “si”. Y voy a poner un ejemplo claro: El ciudadano Jorge Lizandro Coca Olmos, que tanto ha criticado la gestión de Evo Morales, que se ha cansado de decirle al Presidente que no haga las cosas tan mal, que ya está harto de tanta insensatez, de tanta mentira, de todo el discursito llorón y confrontacional del racismo, de la pésima administración económica, de la desastrosa política exterior, de las ilegalidades e inconstitucionalidades, del cinismo de García Linera, y de otras tantas barbaridades, va a votar porque Evo Morales y todos sus compinches se vayan. ¿Eso quiere decir que Lizandro Coca le dice “si” a Tuto? ¡Claro que no! Seguro habrá alguna otra oportunidad para mostrarle a los mentecatos de Podemos que son iguales o peores que los del MAS, con ellos nos las veremos en elecciones municipales o prefecturales, y entonces pagarán el precio por ser los mismos politiqueros de siempre. Mi voto por el “no” a Evo Morales no implica apoyo a nadie en específico, lo que significa es que creo que merecemos y somos capaces de generar y de tener algo mejor, mejor que lo que había antes de Evo y mejor que Evo ¿o somos tan ineptos como para estar condenados a tener mediocres en el gobierno? Yo creo que no.

En cuanto a la autonomía, soy autonomista con o sin referéndum revocatorio, y seguro que hay gente que puede votarle “no” al Presidente pero también estar en contra de las autonomías, eso no tiene ninguna relación. Autonomía es algo que se verá si es que algún día dejan de pelearse por miserias en el Comité Interinstitucional y ponen en marcha el referéndum autonómico de Cochabamba.

¿Decirle si a Manfred? Le voy a decir que “si”, pero no porque le diga “no” a Evo Morales, sino porque la segunda parte de la papeleta me pregunta si estoy de acuerdo con la gestión del Prefecto y yo sigo pensando que Reyes Villa es uno de los mejores en lograr gestión pública eficiente.

Para mi la cosa es así de simple.

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