Irracionales y llorones

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Pareciera que los partidarios de la izquierda tienen atrofiada la parte del cerebro que les permitiría razonar lógicamente. Bolivia tiene todo el derecho soberano de expulsar al embajador norteamericano, tiene toda la libertad, como Estado libre, de romper relaciones con el país que le plazca, pero debería hacerlo con mayor seriedad y no con los argumentos chapuceros con los que se lo intenta. La comunidad internacional no puede obligar a ningún país a mantener relaciones diplomáticas con otro, por más amistoso y bienintencionado que este pudiera ser, pero lo que sí puede exigir es mayor responsabilidad y seriedad en el proceso de construcción, mantención y finalización de relaciones diplomáticas. De la misma manera en que está mal visto, y en determinados casos se castigan las injurias entre privados, si se quiere mantener la paz y el respeto entre naciones, no se puede permitir que cualquier país culpe de financiar conspiraciones y promover confrontación a otro sin el suficiente respaldo de pruebas. Los sudamericanos, y toda la izquierda en el mundo, están demasiado acostumbrados a vociferar improperios contra todo lo que se les ocurre, culpando a otros de males que ellos no tienen la valentía de enfrentar y solucionar por si solos, como si esta fuera la obligación de otros.

En las calles del mundo, a las pobres mentes donde ha llegado la vulgata marxista, se las escucha culpar a la globalización, la tecnología, el imperio norteamericano, la industria y la empresa, y a todo lo que odian las mentes mediocres, de todos los males de la tierra. Sin embargo muy bien que aprovechan de todos los beneficios de la civilización occidental; realizan grandes conciertos contra la contaminación industrial y el gasto de energía, utilizando pantallas gigantes y grandes cantidades de electricidad; organizan manifestaciones anti-globalización, pero se comunican y coordinan acciones a través de teléfonos móviles y vía Web; protestan e insultan contra Estados Unidos, pero pretenden que este país les siga comprando sus productos.

La situación de Bolivia, la semana pasada, fue paradigmática. Mientras el Ministro Arce llegaba a Norteamérica para pedir que nos mantengan el ATPDEA, asegurando que estamos cumpliendo con la lucha contra las drogas y que la suspensión de las preferencias nos causaría un gran daño económico, Evo Morales declaraba que no necesitamos al mercado norteamericano y recibía peticiones de trabajadores de las minas para que en una hipotética crisis de la minería se les permitiera cultivar un kato de coca, los norteamericanos, por su puesto, no son nada tontos y están al tanto de todo eso, por lo que utilizaron los hechos para refutar el discurso del ministro, el Presidente dice que no hace falta el ATPDEA y de las 12000 hectáreas de coca que permite la ley, nosotros ya sobrepasamos las 25000. Ciudadanos españoles organizaban una manifestación exigiendo a EEUU ampliar el ATPDEA a Bolivia, pero si les preocupa tanto que nos quedemos sin mercado para nuestros productos ATPDEA, que exijan a su propio gobierno que nos den las preferencias y sean esos españoles “preocupados por nosotros”, los que nos los compren. También en España, los simpatizantes de Obama, declaraban que ya que Estados Unidos tiene tanta influencia en el mundo, se debería permitir que todos los ciudadanos del mundo votemos en las elecciones norteamericanas; eso me parece correcto, siempre y cuando luego nos sometamos al gobierno norteamericano como un Estado mas.

Los movimientos de izquierda son excesivamente irracionales, piden todo, y encima lo quieren incondicionalmente. Tienen la absurda idea de que se les debe mucho, ya sea por las épocas coloniales o por su ridícula noción de “justicia social”. Solo falta que exijamos que Estados Unidos nos transfiera el 10% de su ingreso per capita, porque “seria justo” o porque Norteamérica tiene que “redistribuir” su riqueza.

La riqueza, norteamericana o de cualquier país, se ha logrado en base al trabajo, la creatividad, el esfuerzo intelectual y físico, combinados con el comercio; si queremos seguir haciendo el ridículo, podemos continuar lloriqueando y mendigando porque somos muy miserables, muy ineptos, muy perezosos y muy tontos, y necesitamos que se nos mantenga, que se nos resuelva nuestros problemas, ser parásitos chupasangre, pero tendremos que entender que quien es mantenido no es independiente, tiene que cumplir condiciones para su manutención, debe ser obediente y portarse bien; o podemos dejar de llorar en las esquinas y asumir de una buena vez la responsabilidad de nuestras vidas, invertir nuestro tiempo en trabajo y capacitación, crear productos y buscar que sean competitivos, conseguir mercados no por el favor de nadie, sino porque lo que producimos es muy demandado.

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Héroes o violadores

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Lo he dicho al menos una vez, no puedo evitar ser humano y, por lo tanto, abrigar alguna esperanza de que esta vez de verdad hayamos llegado a un acuerdo aceptable. ¿Perfecto? Me encantaría, pero se que no es posible porque en primer lugar, una negociación, pacto o acuerdo, necesariamente implica perder parte de lo que hubiese sido necesario para considerar la situación alcanzada “perfecta”, y en segundo lugar porque al ser parte de la minoría, obviamente tengo que admitir que la mayoría, aunque con la obligación de respetarme, se ha ganado la posibilidad de tener mayor “juego de cintura” en el baile.

Pero no estaré convencido de las supuestas bondades del acuerdo alcanzado hasta leer con mis propios ojos y analizar las modificaciones hechas al texto constitucional, que supuestamente ha dejado de ser del MAS para convertirse en el texto constitucional de los bolivianos. Para empezar, me ha alegrado saber que, manteniendo la idea de plurinacionalidad, se ha restituido la Nación Boliviana como aglutinador e identificador nacional.

¿Por qué mi desconfianza? No es para menos. Después de ver a Luís Vásquez Villamor nada más y nada menos que junto a Félix Rojas, el primero, coautor del desastre que hemos vivido y que nos ha destrozado nuestros nervios y nuestros hígados durante más de dos años, irresponsable, puesto que siendo presidente de una comisión de constitución, nunca hizo los esfuerzos suficientes y necesarios por la restitución del Tribunal Constitucional, siendo un abogado constitucionalista nada más y nada menos, y el segundo, que nos salió con la frase estúpida de que “así es la república de Bolivia, al que no le guste que se vaya”. Luís Vásquez diciendo que está “tranquilo con Bolivia y tranquilo con su conciencia” definitivamente, ¿hay alguien a quien le inspiren confianza?

Tengo que ver las modificaciones personalmente para saber si de verdad podemos respirar con mayor tranquilidad, y tenga usted la seguridad de que se lo diré.

Sin embargo una cosa debe quedar clara: Aunque dichas modificaciones hubiesen logrado mitigar casi totalmente las barbaridades que nos proponía el texto original, los procesos por los que hemos tenido que pasar, incluido este último acuerdo y lo hecho en esta última sesión del congreso, siguen siendo una atroz muestra de delincuencia política. Ayer escuchaba a Ricardo Pol en la red uno decir que ”esta sería la última violación a la Constitución vigente” ¿¡!? ¿Después de que éste ya casi ha dejado de ser un gobierno “constitucional” (y no lo digo solo por el Ejecutivo, sino también por el Legislativo), después de haberla quebrantado como les dio la gana, después de haberla manipulado, interpretado y reinterpretado, le están diciendo a la Constitución de 1967: “te vamos a violar esta vez más mamita, última vez, ya va a venir otra a reemplazarte”? Ciertamente va a ser un gran alivio para ella el dejar de ser víctima de los vejámenes de los políticos y, si pudieran hablar entre constituciones, seguramente le diría a la siguiente que no se meta con los políticos bolivianos porque son unos degenerados constitucionales.

Al final terminaremos legalizando los delitos de los políticos, en nombre de la paz, de la unidad, de la “fiesta democrática” tendremos que aceptar que los violadores queden impunes, que los delincuentes pretendan mostrarse como héroes salvadores de la República, pacificadores y grandes legisladores, que los causantes de los muertos, los destructores de la institucionalidad, nos miren con sus caras de “deber cumplido” y quieran ser reelectos en cargos públicos para las elecciones de diciembre del próximo año. Y que se entienda bien, no estoy en contra de la reconciliación entre bolivianos, eso es algo invaluable que espero que llegue, estoy en contra de que el ato de sinvergüenzas que trabajan tanto en Palacio de Gobierno como en el Congreso, se muestren como buenos tipos, y nosotros les creamos que son buenos tipos. Siguen siendo los más ineptos e incompetentes gobernantes que hemos tenido en los últimos 25 años, y la prueba clara es que para lograr un acuerdo, han necesitado más de dos años, más de una cincuentena de muertos, perseguidos políticos, presos políticos, una guerra sucia mediática patética, actos de irresponsabilidad, acciones dicatoriales, declaraciones absurdas, y en fin, cientos de hechos que les tenemos que aguantar y por los que, en lugar de recibir sueldos de nuestros impuestos, deberían pagarnos a nosotros.

Habrán hecho un gran trabajo si lograron dotarle algo de racionalidad al texto constitucional del MAS, pero será muy poco comparado con todas las idioteces que se mandaron en el proceso, seguirán siendo los responsables de que Bolivia haya estado al borde de la destrucción. Y todavía no se alegren mucho, que aun tengo que revisar sus susodichas modificaciones.

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Dictadura

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Un error que están cometiendo, tanto los bolivianos como la comunidad internacional es el de pensar que la democracia consiste en pronunciamiento popular constante y apariencia institucional. Ya lo dije alguna vez, una decisión tomada por alguna sociedad, en referéndum, por mayoría, ignorando información vital o dejándose llevar por pasiones, puede, de todos modos, ser un error y ser antidemocrática ¿Qué pasaría si “el pueblo” al que tanto se suele apelar últimamente, decidiera que un presidente prescinda por completo de la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) gobierne con poderes absolutos y elimine físicamente a sus opositores? ¿Acaso porque lo dice “el pueblo” y sin importar otras consideraciones, esa decisión debería asumirse como democrática? Ciertamente no es así, y este preámbulo me sirve para puntualizar que aunque el 100% de las acciones de Evo Morales tuvieran la aceptación de la mayoría, de todos modos no tienen por qué ser acciones enmarcadas dentro de lo democrático.

Parece que todos estuviéramos esperando que Morales se vista de militar, cierre el congreso definitivamente, persiga, desaparezca o asesine a los opositores, proscriba la libertad de expresión, cierre o queme medios de comunicación y, en fin, se declare dictador, para constatar, definitivamente, que está encabezando una dictadura.

Lamento decir que disiento totalmente con esa posición porque creo que las dictaduras no tienen por que compartir apariencias, de la misma forma que las democracias no tienen por qué hacerlo. Es necesario leer entre líneas, mirar menos lo aparente y concentrarnos más en los detalles. Los cercos al congreso, por ejemplo, cuando no son simples vigilias, cuando se organizan para determinar una decisión, cuando evitan que ingresen legisladores opositores o que se tomen decisiones contrarias a los deseos del partido de gobierno, son equivalentes a cerrar el congreso. ¿Por qué los dictadores militares cerraban el congreso? Porque era un lugar donde se difundían ideas contrarias al régimen, donde se podían tomar decisiones diferentes a los deseos del grupo que mandaba, y porque constituía una traba institucional innecesaria para hacer lo que les diera la gana. Entonces, cercar el congreso, como ya se lo ha hecho en este gobierno, y como pareciera que se pretende hacer de nuevo, es equivalente a cerrar el congreso, y no importa que sea un cierre temporal. Quien evita, por cualquier medio, que el órgano legislativo trabaje en libertad y con posibilidades de resolver algo distinto a lo que se quiere (cosa que sucede en democracia, en España o Estados Unidos los Presidentes han visto rechazadas sus iniciativas en el legislativo muchas veces), está cerrando el congreso y está encabezando una dictadura.

Quien permite que un órgano tan importante como es el Tribunal Constitucional, permanezca inhabilitado por tanto tiempo, suspendiendo la posibilidad de que los ciudadanos hagan respetar sus derechos constitucionales defendiéndose de los abusos de poder, está encabezando una dictadura.

Quien en lugar de iniciar procesos legales contra ciudadanos que supuestamente cometieron delitos, apresándolos con órdenes de aprehensión expedidas por una autoridad competente, realizando la detención con policías y fiscal con caras visibles, y juzgándolos en sus propios distritos, lo que hace es secuestrarlos con encapuchados y llevarlos al distrito donde le garantizan condena, está encabezando una dictadura.

Quien manifiesta su menosprecio a las trabas institucionales, que cuando se está en el poder son las que evitan que uno abuse de él; quien alienta y hasta hace apología del delito llamando a violar la ley, cuando es la ley la que garantiza la justicia; quien ataca a las opiniones contrarias, cuando es la opinión contraria un impulso a la fiscalización de la administración de poder; quien suspende al órgano protector de las garantías constitucionales, cuando las garantías constitucionales salvaguardan la libertad de los individuos, está encabezando una dictadura.

Importa muy poco si nominalmente aun existen Congreso, órgano judicial y Corte Electoral, e importa menos aun si la mayoría está de acuerdo con lo que se hace. No se necesita tener militarizadas las calles, asesinatos, persecuciones, presos políticos y exiliados (persecuciones, presos políticos y exiliados que ya tenemos después de la militarización de Pando) para vivir en una dictadura, esas son solamente apariencias; en el fondo, aunque las apariencias coincidan aceptablemente con las de una democracia, Bolivia ya vive una dictadura. Pero ahí están los bolivianos y la comunidad internacional, esperando a que lleguen las apariencias que bien podrían no llegar nunca.

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En Cochabamba como en Atenas

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Alrededor del año 550 A.C. el milagro de Atenas dio origen al primer mercado del libro. Inicialmente la obra de Homero, y luego escritos científicos como “Sobre la naturaleza” de Anaxagoras, compuesto por dos a tres rollos de papiro manuscrito (cada uno era considerado un libro), o la obra de Tucídides que describía veintiún años de guerra, compuesta por ocho libros, o la colosal obra de Platón. Por supuesto que comparados con los libros actuales eran escritos cortos, y por ser hechos a mano el tiraje era en muy pocas cantidades, pero ya en ese entonces, los jóvenes ávidos de conocimientos eran los principales compradores, se dice que se podía adquirir un libro por un dracma. En el 529 D.C. aun se leía el libro de Anaxágoras en Atenas, puesto que quedaba al menos una copia del mismo; el libro sobrevivió al autor por más de mil años, pero el emperador cristiano Justiniano prohibió las escuelas filosóficas paganas, con lo que el gran libro de Anaxágoras desapareció. Sin embargo, gran parte de las ideas que contenía sobrevivieron hasta nuestros días.

Dos mil años después de la aparición del primer mercado del libro en Atenas, Johannes Gutemberg inventaría la imprenta, con lo que se iniciaría un imparable proceso de difusión de ideas que ha cambiado a la humanidad para siempre. En nuestros días, dentro del orden global, afortunadamente parece muy lejana la posibilidad de que la libertad del pensamiento y de su difusión sean restringidas.

Hoy, miércoles ocho de octubre, se inaugura la Segunda Feria del Libro de Cochabamba, que estará abierta al público desde las 2030 horas en el salón de eventos del Club Social. Desde mañana nueve, hasta el diez y nueve de octubre, los horarios serán de 1500 a 2200 horas de lunes a jueves y de 1000 a 2200 horas de viernes a domingo. Son diez días imperdibles por el inmenso mundo del que los atenienses ni siquiera se imaginaron precursores, ni Platón debió haber sospechado jamás que dos mil años después de su muerte seguiríamos leyendo sobre su totalitaria República. Desde eruditos estudios sobre los más disímiles temas, pasando por libros sobre metafísica, novelas de todo género y cuentos, hasta libros de colorear y con pegatinas para nuestros niños, que mientras antes adquieran el bello hábito de la lectura mejor para ellos, y mejor para Bolivia; todo podrá ser encontrado y adquirido en la Segunda Feria del Libro de Cochabamba, organizada por nuestra esforzada Cámara del Libro de Cochabamba.

La asistencia de los ciudadanos es un elemento fundamental para el éxito de la Feria. Como siempre, una sola visita difícilmente nos brindará la posibilidad de hacer una revisión exhaustiva de todo lo que en ella se ofrezca, por lo que aconsejo dos o más visitas, para ver con calma y paciencia a por las obras que nos podrían interesar.

Recuerdo que en la Feria del año pasado, mi amigo Rodrigo Antezana, que había tenido la oportunidad de revisar concienzudamente cada stand, encontró un ejemplar de “El juego de Ender”, una novela de ciencia ficción de la que yo solamente poseía una fotocopia, por el increíble precio de veinticinco bolivianos; ni corto ni perezoso me apresuré a comprarlo, puesto que era el único y me fascina tener los libros originales. Allí adquirí, en Los Amigos del Libro, los tres volúmenes de “Bolivia: Certezas e incertidumbres de la democracia” de Jorge Lazarte, meses después, un docente me diría que es un libro difícil de encontrar. Verdaderamente, con algo de paciencia y tiempo, se puede hallar autenticas joyas y ejemplares escasos. Pero también es interesante lo que se publica de manera especial para la Feria; muchos autores presentan sus libros y tenemos la oportunidad de hacerlos autografiar. El año pasado Carlos Valverde me autografió “De los amores de la vida y los compromisos de la muerte”. Además adquirí la hermosa edición conmemorativa de “Cien años de soledad” entre otras cosillas interesantes.

Por cierto, la historia del primer mercado del libro en Atenas me la he robado del libro “En busca de un mundo mejor” del gran filósofo Karl Popper. Si no fuera por la lectura, no tendría de qué conversar.

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