Y ya estoy escuchando los argumentos chovinistas sobre que no tributar es hacerle daño a la “patria”, que no pagar impuestos es “robarle” al Estado, que al no contribuir se está engañando y siendo insolidario con la comunidad, etcétera, etcétera, etcétera.
Sin embargo, en todas esas justificaciones hay mucho del libreto enseñado y aprendido de memoria y sin fundamentos desde, y a partir de, la educación y la propaganda estadólatra.
El dinero de los impuestos no es del Estado, sino el fruto del trabajo y el esfuerzo de los ciudadanos, que se entrega al Estado a cambio de algo. Es decir, que es el fruto de un acuerdo preestablecido (léase impuesto, no consentido) que se adquiere por la sola razón de nacer en determinado país, en el que a los individuos se nos arrebata parte de nuestro trabajo a cambio de que el Estado nos garantice la protección de nuestras vidas, nuestra libertad y nuestra propiedad. Un acuerdo que sólo tiene validez cuando ambas partes cumplen con su compromiso.
El gobierno boliviano, que es el responsable de que el Estado cumpla ese compromiso con la gente, no ha realizado su labor correctamente, por los siguientes hechos:
1) La inseguridad ciudadana se ha incrementado horrorosamente en los últimos años, al extremo de que hoy nuestros hijos pueden ser víctimas de la trata y tráfico de personas, con fines de explotación laboral, sexual o tráfico de órganos. Estos crímenes, claramente vulneran aquella supuesta protección de vida y libertad que el gobierno boliviano debería garantizar.
2) Los robos y los asaltos se han convertido en moneda común en nuestro país. Los primeros atentan contra la protección de la propiedad, y los segundos, además de la propiedad, violentan la integridad física, y hasta la vida de las personas, poniendo nuevamente en cuestión la función que el Estado debe cumplir a cambio de los impuestos de los ciudadanos.
3) La seguridad jurídica para las inversiones y negocios se ve constantemente amenazada por grupos corporativos que a fuerza de presiones, que pueden llegar a la práctica de secuestros y torturas (otra vez la vida, la libertad y la integridad comprometidas), consiguen que aquello por lo que la gente ha trabajado y empeñado su esfuerzo, talento y trabajo, les sea entregado sin más, de manera inmerecida y por lo tanto inmoral.
El momento en que el Estado, por responsabilidad del gobierno de turno, deja de cumplir con su parte del acuerdo ¿tiene algún sentido hacer el tonto cumpliéndolo unilateralmente? Creo que no.
Creo que no tiene sentido pagar tributos cuando el Estado no nos garantiza caminar seguros por las calles, dejar solas nuestras casas sin el temor a que sean robadas, ni a nuestros hijos sin miedo de que sean raptados. Eso es permitir que nos estafen.
Al igual que no hay razón para pagar alumbrado público, cada mes, en cada factura de luz, cuando nuestras calles están a obscuras regularmente porque hay escasez de energía eléctrica. Ésta es otra estafa.
No tiene sentido pagar peajes en los retenes, cuando las calles parecen bombardeadas por aviones alemanes de la Segunda Guerra Mundial, ni cuando existen caminos como el de los Yungas de La Paz, donde viajar es poco menos que enfrentarse a una ruleta rusa. Esto es ser estafado.
¿Por qué pagar impuestos o peajes, cuando uno puede ser asaltado y asesinado durante un viaje a Copacabana?
Pagar impuestos, en el actual estado de cosas y hablando popularmente, es lo equivalente a dejarse mamar… mientras compran aviones, helicópteros y satélites.
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