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Consecuencia o inconsecuencia

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“Con la misma vara con que midáis seréis medido” Ésta es una máxima que todos deberíamos tener muy en cuenta a la hora de emitir algún juicio de valor respecto de alguien o algo. La misma severidad o flexibilidad, los mismos principios que aplicamos para calificar, deben ser aquellos con los que aceptaríamos ser calificados.

En reiteradas oportunidades he reclamado al gobierno se respete y aplique el principio de presunción de inocencia que consiste, simple y llanamente, en que mientras no exista demostración incontrovertible basada en pruebas, de la comisión de un delito por alguna persona, se presume que ésta es inocente.

Lo he reclamado siempre que he visto, escuchado o leído que algún representante del gobierno calificaba de delincuentes, golpistas, separatistas, corruptos y otras cosas, a un sinnúmero de personas que en este momento sería difícil listar.

Pero el Presidente Morales, el Vicepresidente García, ministros y otros funcionarios, no han parado, ni aún hoy, de acusar sin pruebas a las personas, sin proceso ni sentencia previa, demostrando su nula vocación por la libertad, la democracia y los derechos ciudadanos.

Los procesos llevados adelante sobre la base de esa figura cavernaria y dictatorial llamada “desacato”, y las detenciones preventivas por años (más de 3 años ya está en la cárcel Leopoldo Fernández sin sentencia), muestran el carácter alejado de la justicia y los Derechos Humanos de quienes nos gobiernan.

No sólo eso, sino que han promovido, aprobado y puesto en práctica, el artículo 144 de la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, que vulnera el principio de presunción de inocencia al instituir penas contra funcionarios antes de que se les demuestre nada. Obteniéndose como resultado un conjunto de Alcaldes y Gobernadores elegidos por la gente, a quienes se los aleja de sus cargos sin que si quiera un tribunal de primera instancia haya sentenciado culpabilidad.

Cuando una revista brasilera acusa a Juan Ramón Quintana y Jessica Jordán de haberse relacionado con un capo del narcotráfico, quienes somos escrupulosos en el respeto del principio de presunción de inocencia, debemos afirmar que estas dos autoridades, mientras no se les demuestre culpabilidad en un proceso judicial limpio e imparcial, son tan inocentes como Leopoldo Fernández, Mario Cossio, Ernesto Suárez y otros.

Pero ¿cuál la posición de la gente del gobierno en ese mismo sentido? He escuchado a la Senadora Montaño calificar de “refugio de delincuentes” a la Embajada brasilera, por tener como refugiado al Senador Pinto, cuando a éste no se le ha demostrado culpabilidad en delito alguno. Entre tanto, sus compañeros de partido Quintana y Jordán son los felices beneficiarios de la presunción de inocencia. ¿Deberíamos usar en Quintana la vara que Montaño usa contra Pinto?

Tal parece que el manejo del poder, cuando se lo hace con afanes viles, resulta en “para mis amigos libertad, para mis enemigos la Ley”, o en otros casos “para mis amigos la Ley, para mis enemigos la arbitrariedad”, o cualquier otra opción que beneficie a los amigos y destruya a los enemigos.

Aplicar los mismos principios éticos, políticos y morales en todos los casos, más allá de las simpatías o antipatías, es usar la misma vara para medir lejanos y afines, y es llamado consecuencia con los principios. Es moralmente correcto y políticamente ético.

Aplicar lo que nos favorece cuando nos conviene y nos da la gana, es impostura, inmoralidad e inconsecuencia. Politiquería asquerosa y miserable.

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