Organizando la fiesta

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Por supuesto que es absurdo pretender celebrar un referéndum en pleno estado de sitio. La idea fundamental del estado de sitio (y por eso se le llama estado de excepción) es que, mientras esté vigente, excepcionalmente se suspenden las libertades constitucionales, por lo que, en los hechos, se ejerce el totalitarismo en las regiones afectadas. Los individuos que estén en contra de la bobería de texto constitucional del MAS, Podemos y UN ¿podrán reunirse, planificar una campaña por el “no”, y ejecutarla? Por supuesto que no, no vaya a ser que se los acuse de conspiración, se los secuestre y, encapuchados de por medio, se los lleve al campo de concentración en que se ha convertido la ciudad de La Paz. Entonces, cualquiera que piense que no existe ningún inconveniente en llevar a cabo un acto eleccionario en pleno orden dictatorial, sin libertades ni garantías, definitivamente es un completo burro (con los perdones pertinentes a esos nobles animales que no tienen la culpa de la infinitud de la estupidez humana).

Me refiero, principalmente, a ese matón de cuello blanco llamado Álvaro García Linera, que mientras se exhibe con su careta demócrata ante quien puede, no muestra reparos en portarse como un vulgar dictadorzuelo, no solo ignorando, sino desafiando y desobedeciendo dictámenes y avisos de órganos del Estado encabezados ¡vaya paradoja! por personas que el mismo gobierno ha elegido. ¿Esperaba mayor obediencia señor vicepresidente? ¿Imaginó que Exeni y los ministros de la Corte Suprema serían más sumisos? ¿Le enfurece que después de tanto trabajo de desmontaje, aun exista institucionalidad republicana que le impida mandar como en su hacienda?

El señor Exeni se está esforzando por complacerles, dándoles plazo para levantar el estado de sitio en lugar de suspender el referéndum inmediatamente, pero tampoco es tan descarado como para llevar adelante el acto eleccionario contra toda ley. Eso es lo que su mentecita de autócrata quisiera, pero no es así como funciona un Estado de derecho… aunque ciertamente, Bolivia hace mucho que se parece más a una república bananera que a un Estado de derecho.

En cuanto a las sentencias de la Corte Suprema, por eso se llama así: Corte Suprema de Justicia (aunque ciertamente hace mucho que abandoné la esperanza de que sus mentecitas totalitarias lo entiendan), porque ellos, como parte del órgano judicial de nuestra moribunda República de Bolivia, son responsables de la administración de justicia y no ustedes. Si el ejecutivo, en complicidad con el legislativo (es decir MAS, Podemos y UN) quieren mantener a Leopoldo Fernandez no solo como preso político, sino además como fenómeno de circo para el público que asiste todos los días a las puertas de la cárcel de La Paz, haciéndoles creer que se está “haciendo justicia” y que ellos son los defensores de la transparencia, cuando en realidad los están convirtiendo en compinches de la autocracia que ustedes vienen montando, no pueden esperar que los miembros de la Corte Suprema, cuya probidad ustedes mismos refrendaron (¿o ya se olvidaron de eso?) también sean parte del terrorismo de Estado que hoy se practica. Sabemos que a ustedes les fascinaría poder declarar, igual que Luís XIV de Francia: “El Estado soy yo”, pero no se nos impacienten “compañero Álvaro” que con su nuevo texto constitucional aprobado podrán decir eso y más.

Pero claro ¿qué va a saber o querer aprender de Estado de derecho, división de poderes, libertad, presunción de inocencia y derechos humanos, un sujeto que hace algunos años, y en plena era democrática, apostó por el crimen del terrorismo? Justicia implica que el Estado debe aplicar de manera ecuánime las restricciones a la libertad individual para proteger esa misma libertad, pero ustedes se muestran muy prestos a secuestrar ciudadanos cuando éstos son opositores, haya o no haya pruebas en su contra, pero cuando se trata de simpatizantes o militantes, cuyas imágenes golpeando periodistas fueron vistas por el país entero, no mueven un solo dedo y miran para otro lado.

Eso me recuerda que los bolivianos ya hemos descubierto para qué sirve Derechos Humanos. Lejos de las leyendas de que esa institución se encargaba de velar por el respeto a dichos derechos, estamos constatando que a lo único que se ha dedicado y se dedica, es a defender los derechos y las arbitrariedades de todo socialistoide en nuestros países. Son otros tontos que no tienen la más peregrina idea de lo que es la justicia como ecuanimidad. Así estamos, nosotros defendiendo la poca racionalidad que le resta a Bolivia, y ustedes organizando la fiesta de los chivos.

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Cinco más cinco igual a seis

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Nuevamente, e igual que en 1929, ciertos necios sienten que pueden empezar a festejar la “caída del capitalismo”. Aquí un artículo de mi amigo Rodrigo Antezana, que yo no podría haberlo hecho mejor.

Por: Rodrigo Antezana Patton

¿Cuánto es cinco más cinco? (Escogí un problema fácil pa’ que el fondo del asunto, la metáfora, pues sea fácil de explicar) Diez. Todos sabemos que es diez. Es probable que no sepamos la estructura lógica que, por detrás, permita ese razonamiento matemático, ya que existe, pero todos sabemos que es diez, todos. Bastante sencillo, ¿no? Claro, ese es el punto. Cinco más cinco igual diez. Por lo que también podemos deducir que cinco más cinco igual a seis es un error. Simple. El Socialismo ha fracasado rotundamente, en la Unión Soviética, lo que implica que Bielorrusia, Kazajastán, Kirguistán, Sucasastán, Stánensucasa y otras repúblicas, para un total de 15, vieron su economía enviada al mismísimo fondo. A pesar de que Rusia es uno de–si no el más–países más ricos del mundo, en lo que a recursos naturales se refiere. La retórica marxista de 1848 decía que el capitalismo estaba a un paso de morir, ahora la misma retórica marxista dice que el capitalismo está a punto de morir…

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La constitución colectivista

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Ese sigue siendo el espíritu del texto constitucional modificado el mes pasado; es una propuesta de constitución colectivista, y la inconfundible señal de que mi afirmación es verdadera es que la palabra “comunitario” está presente por todo el texto, y que por todas partes se hace referencia a lo inválidos que somos los bolivianos y a la necesidad de que el Estado provea todo y planifique nuestras vidas y nuestros destinos. Pero ¿Qué es colectivismo? Trataré de dejar bien clara la palabreja en base a las ideas de tres pensadores liberales.

Según Karl Popper (“La sociedad abierta y sus enemigos”) la teoría colectivista consiste en que “el individuo debe subordinarse a los intereses del todo, ya sea este el universo, la ciudad, la tribu, la raza, o cualquier otra entidad colectiva” por lo que el colectivismo es una forma de vida tribal, puesto que así funcionaban las sociedades premodernas; la emancipación del individuo fue la que dio paso al surgimiento de la sociedad libre, en que cada persona decide vivir y trabajar en función a sus propias metas e intereses.

Que el individuo deba vivir en función de un colectivo, implica que debe existir un ente centralizado (que pueden ser los caciques de la tribu o el Estado) que lo coaccione para obligarle a canalizar todas sus acciones en pos de lograr una meta o un plan colectivo único y definido por ellos. En “Camino de servidumbre” Friedrich A. Hayek nos describe muchos de los absurdos a los que llevan las mentecitas colectivistas, aquí citaremos solamente lo siguiente: “No debe existir actividad espontánea, sin guía, porque podría producir resultados imprevisibles sobre los cuales el plan [el plan colectivo único] no se ha manifestado. Podría producir algo nuevo, inimaginado por la filosofía del planificador. El principio se extiende incluso a los juegos y diversiones. Dejo al lector que adivine si fue en Alemania o en Rusia donde se exhortó oficialmente a los jugadores de ajedrez así: [Tenemos que acabar de una vez y para siempre con la neutralidad del ajedrez. Tenemos que condenar de una vez y para siempre la fórmula de ‘el ajedrez por el placer del ajedrez’, como la fórmula de ‘el arte por el placer del arte’]

El colectivismo implica la supremacía de una entelequia inexistente a la que se suele llamar “interés colectivo” o “pueblo” que de acuerdo con Ayn Rand en “La virtud del egoísmo” no es más que “una cantidad de individuos” y “todo conflicto presunto o implícito entre el ‘interés público’ y los intereses privados significa que deberán sacrificarse los intereses de ciertos hombres a favor de los intereses y los deseos de otros.”

El colectivismo requiere de una mentalidad tribal que considera “la vida humana como medio, como el combustible para poner en marcha cualquier proyecto público” La libertad, la soberanía y la independencia individuales, son consideradas por los planificadores obstáculos que les impiden disponer de las vidas de las personas para alcanzar sus planes ideales. El político colectivista es un “cavernícola que no puede entender razón alguna por la cual su tribu no tiene el derecho de aplastarle la cabeza a cualquier individuo si así lo desea” es un obsesivo con el absurdo ideal que ha querido construir e imponer a todos, un desquiciado que no entiende por qué puede haber gente tan malvada que no comprenda su verdad única y absoluta, un demente que cree que los hombres son “demasiado débiles o egoístas para derramar toda la sangre necesaria” para concretar el plan que ha diseñado. (Todas las citas son de Ayn Rand del mismo libro)

Este es el espíritu del texto constitucional del MAS y sus cómplices Podemos y UN. Esa es la elección que los bolivianos tendremos que hacer en enero próximo. Decidiremos si queremos ser tribu o República, si queremos ser libres o sirvientes del Estado, si queremos valernos por nosotros mismos o depender de un Estado-providencia. Mi voto, evidentemente, sigue siendo por el “no”.

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¿Izquierda y Derecha? (Versión preliminar)

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Este ensayo es parte de un libro de crítica al marxismo desde el punto de vista teórico, que espero se pueda publicar en unos meses. Es una versión preliminar, puesto que ya encontré algunas aclaraciones y argumentaciones necesarias que faltan.

Se suele abordar los debates político-ideológicos en términos de “izquierdas” y “derechas” sin tener necesariamente el conocimiento de lo que ello implica, y mas bien se lo hace en base a las etiquetas que previamente se les pone a determinados movimientos políticos que, de tanto repetirse, parecieran convertirse en verdad científica.

El origen de la utilización de estos términos (izquierda y derecha) para catalogar grupos o movimientos políticos, tiene como antecedente histórico la revolución francesa, cuando a la derecha del rey se encontraban la nobleza y el clero, y a su izquierda el estado llano. Sin embargo, y tratando de ir un poco más allá de la conclusión simplista de que a la derecha estaban los ricos u oligarcas y a la izquierda los pobres, debemos observar qué era lo que buscaba cada lado. La nobleza y el clero buscaban la conservación del orden de cosas y, con ella, de sus privilegios y beneficios. El estado llano buscaba cambios en el régimen de gobierno, basados principalmente en las ideas de la ilustración que son parte importante del liberalismo clásico. Entonces tendríamos como resultado al conservadurismo del lado derecho, y la búsqueda de cambios del lado izquierdo.

Gráfico 1

En el gráfico 1 tenemos del lado derecho únicamente al conservadurismo; es decir que ser de derecha implicaría necesariamente ser conservador y que la única tendencia política del lado derecho sería el conservadurismo. Y del lado izquierdo, ilustrado con una “i” grande, tendríamos a todos los movimientos políticos, ya sean liberales o marxistas, puesto que de una forma u otra, ambos son partidarios del cambio.

Esta forma de definición o tipificación de movimientos políticos parece, por un lado, poco útil, contradictoria e insuficiente, y por otro, se concentra fundamentalmente en el “qué” y no en el “cómo”.

Al concentrarse en el “qué” (que sin embrago también es un dato importante) está otorgando la importancia fundamental a lo que buscan dichos movimientos políticos, y dejando en segundo plano el “cómo”, que implica los medios, principios o métodos a través de los cuales pretenden alcanzar sus fines. Ello puede, en algunas situaciones, hacer que parezca que algunas ideas o movimientos políticos están más cerca de lo que realmente. Por ejemplo, todos los movimientos políticos estarán de acuerdo en que para mejorar las vidas de los ciudadanos son necesarios unos cambios pero ¿cuáles son esos cambios? ¿cómo abordarlos? Esas son preguntas importantes que generalmente se pierden dentro del discurso político, pero que deberían formar parte de los elementos de análisis en las esferas académicas.

Pero también hemos dicho que el planteamiento clásico es poco útil, contradictorio e insuficiente. Poco útil porque sitúa a todos los movimientos políticos en el mismo lado, sin importar las profundas diferencias que pudieran tener algunos de ellos, tornando inútil la aplicación del modelo como instrumento de análisis u orientación.

Contradictorio porque la corriente conservadora, a diferencia de lo que se cree, no está necesaria e inexorablemente relacionada con ciertas tendencias políticas, como el liberalismo o el monarquismo, sino que es relativa al tipo de orden establecido. Es decir que al ser el conservadurismo la tendencia a mantener la situación en que se vive, y al ser distinta la situación dependiendo del país del que hablemos, los movimientos conservadores pueden ser de todas las corrientes de pensamiento posibles, el único requisito para ser conservador es aborrecer los cambios. En la extinta Unión Soviética, por ejemplo, los conservadores eran quienes pretendían el mantenimiento del socialismo como sistema de gobierno, y la izquierda habría sido todo el movimiento en favor de la perestroika.

Finalmente, es insuficiente porque no contempla, además de las palabras “cambio” y “conservación”, mayores elementos de juicio para juzgar o tipificar movimientos e ideas políticas.

Norberto Bobbio, en su libro “derecha e izquierda” amplía la interpretación del antecedente francés definiendo dos tipos de izquierda, a saber, la extrema izquierda que sería a la vez igualitaria y autoritaria, y la centro-izquierda que sería igualitaria y libertaria, e incorporando dos tendencias dentro de la derecha, la centro-derecha a la vez libertaria y no igualitaria, y la extrema derecha que sería antiliberal y antiigualitaria.

Si bien el planteamiento de Bobbio nos brinda mayores herramientas de análisis, seguimos concentrándonos exclusivamente en los “qués” puesto que estamos hablando, ya no de la dicotomía entre “cambio” y “conservación”, sino de algunas combinaciones entre libertad, igualdad, autoritarismo, no igualitarismo y anti-libertad. Ver gráfico 2

Gráfico 2

Basándonos en regímenes que hayan existido efectivamente, podríamos decir del planteamiento de Bobbio que si su extrema derecha es antiliberal y antiigualitaria, consecuentemente debe ser autoritaria. Y si la extrema izquierda es autoritaria, obviamente es antiliberal y difícilmente será igualitaria (o muéstrenme un autoritarismo que haya apelado a la igualdad, y que sin embrago la haya alcanzado efectivamente).

Lo que pone al jacobinismo (que Bobbio situaba en la extrema izquierda) al nazismo y al fascismo (que se situaban en la extrema derecha) y al socialismo (que yo incluyo) dentro de lo que se podría llamar el “sector de los autoritarios” en la parte superior, que se diferencian únicamente en el discurso (unos apelan a la igualdad y otros al orden u otros elementos) y el “sector de los demócratas” en la parte inferior; los de la izquierda democrática ponen más énfasis en la igualdad que en la libertad, y los de la derecha democrática mayor énfasis en la libertad y menor en la igualdad.

Siguiendo la buena costumbre de cuestionar nuestras más caras ideas y a nuestros más destacados pensadores, propongo replantear todo el modelo de análisis por uno que, si bien no tendría por qué ser el único, ni el final, ni mucho menos el perfecto, nos dote de mayores elementos metodológicos y de juicio para clasificar o tipificar las ideas y los movimientos políticos, y que además sirva para enriquecer la dinámica de crítica y autocrítica respecto de este tema. Ver gráfico 3

Gráfico 3

El modelo inusual que propongo viene de la constatación de que en la historia y en el mundo existen, con matices, dos grandes tendencias filosófico-políticas. La primera, situada en el lado izquierdo del gráfico 3, es la de los partidarios de la construcción de sociedades cerradas, la intervención y planificación estatal, y el colectivismo. Y la segunda, en el lado derecho, es la de los que buscan la consolidación de una sociedad abierta, la mayor reducción posible del poder del Estado, y el respeto de la libertad individual. Llamar a cada una de estas corrientes “izquierda” y “derecha” correspondientemente, se lo puede hacer, no vamos a entrar dentro de una inútil discusión sobre palabras; sin embargo en los extremos del gráfico hay nombres que posiblemente describirían con mayor verosimilitud de qué se trata cada una de ellas.

El modelo está basado en los “cómos” más que en los “qués”, puesto que estamos asumiendo que todos los movimientos políticos, en determinado momento son partidarios de los cambios y buscan el bien común.

Una primera diferencia del modelo inusual con el clásico, es que el conservadurismo no es equivalente a una posición política específica, y más bien puede pertenecer a cualquiera de ellas. Esa es la razón por la que se encuentra en medio del gráfico, para mostrar que a partir de cualquier posición política, está disponible el conservadurismo para ser abrazado por quienes aborrecen los cambios. Los detractores de la perestroika y partidarios del mantenimiento del régimen socialista en la ex Unión Soviética, por ejemplo, serían las personas que, desde el socialismo, abrazaron el conservadurismo como posición frente a la necesidad de cambios.

Tenemos un centro en el que no se encuentra nada, y que nos sirve solamente como punto de referencia. A la derecha, en el lado positivo del eje x, tenemos tres fases de liberalismo, y en el lado negativo del eje (a la izquierda) cuatro tipos de estatismo. Es bueno aclarar que las siete opciones expuestas no son las únicas posibles, existen tantas posibilidades y planes de gobierno como personas en el planeta, pero para poder contar con una herramienta de análisis he elegido algunas de las principales y más generales características diferenciadoras de los movimientos e ideas políticas. Para ayudar en la explicación de las posiciones políticas, las presento en la siguiente tabla.

De los partidarios de la Sociedad Cerrada, el más cercano al centro (consecuentemente a la Sociedad Abierta) es la Social Democracia, que de los dos tipos de inversión (nacional y extranjera) prefiere la nacional, acepta asumir las funciones mínimas que se le encomienda a los Estados (salud, educación e infraestructura principalmente), pero además asume las funciones ampliadas, como ser algunas políticas de subsidio para el aparato productivo doméstico, y algunos bonos ciudadanos.

En el Nacionalismo cambian dos aspectos fundamentales: Se rechaza la inversión extranjera o se la acepta de manera muy marginal, y se prefiere la inversión nacional que puede provenir de inversionistas privados o del mismo Estado.

En el Nacionalismo Populista se intensifican las funciones ampliadas del Estado a través de la creación de muchos bonos, subsidios, medidas proteccionistas, intentos de regulación de precios y una importante participación del Estado en la economía.

En el Socialismo las inversiones deben ser solamente estatales, lo que implica que todo el sistema económico es dominado por el Estado. Pero además hay una mayor profundización de las funciones ampliadas del Estado, ya no solamente en la creación de beneficios y privilegios económicos, sino también en aspectos como el tipo de ideas que se deben o no difundir a través de la educación o los medios de comunicación, las funciones de los ciudadanos dentro del plan gubernamental, o las funciones del arte, la ciencia, la religión o los pasatiempos a favor o en contra de la consecución de una meta colectiva única y definida.

El Socialismo es el último paso y el más cercano al Totalitarismo, en donde el individuo como tal ya no existe, ha sido reemplazado por el Estado como una colectividad única, a la que debe servir, por la que debe su vida, y en función a la que debe orientar cada acción y cada pensamiento.

Por los partidarios de la Sociedad Abierta tenemos al Liberalismo fase 1, que prefiere la inversión nacional pero acepta de buena gana la extranjera, asume las funciones mínimas del Estado, pero rechaza las funciones ampliadas.

En el Liberalismo fase 2 no existen preferencias entre la inversión extranjera y nacional, ambas deberán competir libremente en el mercado.

El Liberalismo fase 3 continúa asumiendo las funciones mínimas del Estado, pero de manera indirecta. Esto quiere decir que la salud, educación, construcción de infraestructura y otras, son asumidas, en su ejecución, por entidades privadas, pero son financiadas por el Estado a través de vouchers (bonos o vales) que son distribuidos a los ciudadanos que los necesiten. De esta manera se busca, dentro del marco de la libre competencia, conseguir la oferta de mejores servicios para que el ciudadano pueda elegir la que más le convenga, pero que sigan siendo financiados por el Estado. Cada ciudadano entregará su voucher a la empresa que le ofrezca mejores y mayores beneficios, y ésta recuperará el valor de los vouchers del Estado.

El último paso en el camino de la reducción del poder y consecuente achicamiento del Estado es la Anarquía, que puede decantar en una sociedad donde los individuos hacen los que les place aun a costa de la libertad de sus iguales o, en los deseos de los optimistas, en una sociedad que ya no necesita de un Estado que regule sus libertades, puesto que ha alcanzado una madurez tal que puede funcionar en perfecta armonía y en libertad de manera autónoma.

Si bien la posición “Totalitarismo” se ha puesto en el extremo de los estatistas, eso no significa que cada posición expuesta en el lado izquierdo del gráfico (y otras que se pudieran identificar) no contenga per se rasgos totalitarios. A partir de la constatación de que el poder gubernativo es siempre coercitivo, se hace más que evidente que mientras más grande sea mayor será la coerción ejercida sobre los ciudadanos, más aun cuando estamos hablando del crecimiento de dicho poder a través de la mayor intervención del Estado en los asuntos de las personas. Entonces, los rasgos totalitarios se presentarán casi imperceptibles en la posición de la Social Democracia, e irán incrementándose a medida que nos alejemos más del centro y nos acerquemos a la posición extrema.

De la misma forma, en el lado de los partidarios del Estado mínimo, las características anarquistas serán casi imperceptibles en la posición del Liberalismo 1, pero mientras más nos acerquemos a la posición extrema, más notoria será la poca participación del Estado en los asuntos del las personas y la preponderancia del individuo como actor fundamental de la dinámica social.

¿Por qué no utilizar el modelo propuesto por Jorge Lazarte en “Derrumbe de la res-pública”? Porque dicho modelo, si bien hace una caracterización en base a las tendencias “mercado” y “Estado”, también incluye un segundo eje con los elementos “modernidad” y “tradición” que, desde mi punto de vista, puede estar perfectamente incluido en el primer eje. Es decir ¿existe algo más tradicional que el Estado regulándolo todo, desde la economía, los medios de comunicación, los contenidos educativos, etc.? ¿Acaso lo tradicional y ancestral no es precisamente tener a una persona o grupo de personas con un poder casi divino, planificando las vidas de todos, desde los temas alimenticios, hasta los reproductivos, morales y de fe?

Y por otro lado, aunque hoy parezca algo anticuada, la liberación del ser humano de los dogmas, los mitos, la opresión religiosa y de los reyes, los poderes y los misterios ocultos, y los tiranos que obligaban a la gente a actuar de acuerdo a sus planes personales, es precisamente un resultado de la modernidad. La aparición del individuo sujeto y protagonista de la historia abrió paso a la verdadera libertad. Construir “lo moderno” ha costado miles de años de evolución, y aun no se logra consolidar en el planeta, de otra forma no continuaríamos hablando de movimientos políticos colectivistas y estatistas.

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