Justicia es…

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Justicia es sinónimo de ecuanimidad, de igualdad ante la ley. Creo que el informe de UNASUR sobre lo ocurrido en Pando es injusto. Es injusto porque no indaga por qué y por quienes fueron enviados los campesinos a movilizarse con altas posibilidades de enfrentamiento, y es injusto porque no indaga cuál fue la razón por la que tanto la policía como las FFAA no hicieron nada para evitar el derramamiento de sangre. Es verdad que técnica, filosófica y conceptualmente parece haber sido una masacre, pero también me parece absolutamente deshonesto no indagar estos dos puntos señalados. ¿Son solamente responsables quienes matan? ¿Y qué pasa con quienes mandan a la gente a la muerte? ¿Y que con los que tienen la obligación de proteger la vida de las personas y evitar enfrentamientos?

Y respecto de la prisión para Leopoldo Fernández, si merece estar en la cárcel solamente por ser líder de la región, aunque no haya disparado un solo tiro ni ordenado que se lo hiciera ¿acaso entonces no merece Evo Morales estar en prisión por la tortura y el asesinato de personas en el Chapare y en Sacaba, aunque no lo haya hecho él ni tengamos pruebas de que lo haya ordenado, solamente por ser líder de las personas que lo hicieron? Justicia es sinónimo de ecuanimidad, de igualdad ante la ley.

¿Por qué solamente voy a defender y a rasgarme las vestiduras por los muertos cuando éstos sean campesinos? ¿Por qué el país y la comunidad internacional no hacen el mismo escándalo y forman comisiones para investigar la tortura y el asesinato de Christian Urresti en manos de seguidores del gobierno en Cochabamba? ¿Por qué no se hace lo mismo por Gonzalo Durán, Juan Carlos Serrado y José Luís Cardozo, asesinados por fuerzas del Estado en Sucre? ¿Y qué pasó con los muertos de Arani en manos de uniformados? Justicia es sinónimo de ecuanimidad, de igualdad ante la ley.

Este gobierno o cualquier otro, puede contar con mi militante apoyo en la lucha contra la impunidad, cuando se lo haga de manera ecuánime, mientras tanto ¿Por qué he de luchar contra la impunidad solamente si se trata de muertes de campesinos? ¿Porque ellos son inválidos o subnormales y merecen un trato especial? ¿O porque los no-campesinos somos menos ciudadanos y tenemos menos derecho a la justicia?… Viéndolo desde otra óptica tal vez debería cambiar las preguntas ¿Porque ellos son militantes y/o simpatizantes del gobierno, y nosotros no lo somos y por lo tanto no merecemos justicia? Justicia es sinónimo de ecuanimidad, de igualdad ante la ley.

Eso quiere decir que si se va a castigar a los culpables de las muertes de bolivianos, se debe castigar a todos. Y si se va a buscar “autores intelectuales” (que es el supuesto delito del Prefecto de Pando) tenemos a Evo Morales como principal autor intelectual de las decenas de muertos en Chapare y en Sacaba; a Celima Torrico, hoy ministra de justicia, autora intelectual y alimentadora de los asesinos de Christian Urresti, junto con Omar Fernández y otras autoridades; también a Alfredo Rada, ministro responsable de las muertes en Sucre. Y a estos autores intelectuales, a diferencia de Leopoldo Fernández, se los ha visto junto con la gente que perpetró los crímenes, en el momento de las movilizaciones, pero nunca se hizo ni dijo nada. Justicia es sinónimo de ecuanimidad, de igualdad ante la ley.

Justicia para todos o impunidad para todos. Porque distribuir la justicia y la impunidad de la manera que mejor me convenga no es más que una cobardía.

Que no se me malinterprete, no defiendo ningún tipo de impunidad, pero no por estar en contra de la impunidad voy a estar a favor de la justicia selectiva que pretenden administrar los del gobierno. Estoy por la justicia para todos, o por la impunidad para todos. Que el Estado no mire el color de tu piel, el lugar en donde vives, las ideas que defiendes o el tamaño de tu monedero para darte libertad y aplicar la ley; que trate a cada individuo de la misma forma. Eso es ecuanimidad y entonces somos iguales ante la ley.

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Patria o muerte

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La política ya se ha judicializado. Como el fiscal y los jueces que responden al gobierno están en La Paz, todos los perseguidos y posteriormente presos políticos son llevados a esa ciudad para ser, no procesados, puesto que eso implicaría la posibilidad de que sean sobreseídos, sino condenados, además, en un juicio espectáculo grotescamente mediatizado, en un circo montado para los bolivianos ignorantes ansiosos de venganza y cabezas en la guillotina totalitaria. Y por supuesto que el pretexto expuesto por el ministro Rada, ese de que “se los lleva a La Paz porque cuando los delitos cometidos atentan contra el Estado, los procesos deben llevarse adelante en el lugar donde radican los órganos estatales” no es más que otra de las tantas estupideces gubernamentales, que cada vez son menos graciosas y más indignantes. El ministro cree que los bolivianos somos estúpidos, como él, para creer semejante justificación. Entonces, perseguidos y presos políticos, ya hay. Y exiliados también, eso es lo que son todos los pandinos refugiados en Brasil que ¡claro! ante la total improbabilidad de que los poderosos actúen con ecuanimidad, no encontraron otra alternativa más que el exilio; de la misma forma que los izquierdistas durante las dictaduras que, sabiendo que al permanecer en el país arriesgaban sus pellejos porque no encontrarían más que un remedo de justicia, huían de la intolerancia política. No se fueron nadando o de balseros porque (obvio) no tenemos mar, pero da igual cómo lo hagan, lo importante es que huyen de la arbitrariedad, la injusticia y el autoritarismo.

Hace algunos meses, aquella desvelada llamada Marta Harnecker, intelectualiode promotora de mentiras e irracionalidad, profetiza del totalitarismo y la intolerancia, en una conferencia que realizó en el aula magna de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas decía, justificando el hambre y la miseria de los cubanos, que Fidel Castro habría tenido la “virtud” de lograr que sus ciudadanos prefirieran la dignidad a la libertad, la prosperidad y el progreso. ¡Suena hermoso verdad! Pero lo que en realidad quiso decir es que ese dinosaurio del totalitarismo ha logrado que gran parte de los cubanos huyan de sus hogares por su culpa, y al resto, los que no pudieron escapar, les ha negado durante décadas la libertad, la prosperidad y el progreso, tres elementos que les habrían provisto de verdadera dignidad, a cambio de extenuantes discursos demagógicos cargados de mentiras y diatribas contra los que sí supieron construir sociedades libres. En Bolivia, después de perder el ATPDEA, un desvelado del mismo círculo, también vendedor de espejismos y mentiras, terrorista de las armas y las ideas, llamado Álvaro García Linera nos dice, por la pérdida de mercados y consecuentemente de fuentes de trabajo y subsistencia para los bolivianos, que “ese es el precio de la dignidad” Prueba clara de que pretenden, igual que su comandante Castro, hacer que los bolivianos vivamos de sus falsas dignidades y comamos discursos idiotas.

El uso intensivo de la propaganda ha pasado los límites del absurdo. Tuve la fortuna, hace un par de semanas, de visitar Santa Cruz y recorrer el Chaco boliviano, y mientras el gobierno transmite propaganda de gentes afirmando que no hay escasez de combustibles, observé estaciones de servicio cerradas por falta de diesel más que gasolina, o largas colas de vehículos esperando alcanzar una parte del “cupo” (otro dejavù de los regímenes socialistas ineficientes) asignado a las gasolineras. Pretenden que somos tan imbéciles que con propagandas en radio y televisión dejamos de percatarnos de lo evidente.

La cubanización de Bolivia ya está en marcha, el nuevo texto constitucional solamente les brindará mayores instrumentos “legales” e “institucionales” para acelerar y consolidar el proceso porque, en los hechos, el gobierno de Evo Morales ya es, en términos matemáticos, un autoritarismo que tiende a totalitarismo con límite en el infinito. Y como siempre, los intelectuales domésticos y extranjeros, la comunidad internacional y los organismos supranacionales cometen, con Chávez, Morales y los tiranos del vecindario, el error que ya cometieron con Hitler al creer que “aquí no pasa nada”, que “ese loquito no va a conseguir nada”. Cuando Hitler ya había manifestado claramente sus intenciones años antes al escribir “Mi lucha”, cuando Chávez ya había manifestado claramente su desprecio por la democracia en su intento de golpe, cuando García Linera y Evo Morales ya habían manifestado claramente su desprecio por la vida y la democracia, el primero embarcándose en el crimen del terrorismo, y el segundo encabezando un movimiento con tendencias guerrilleras que asesinó y torturó a militares y policías. Claro que en los dos últimos casos, la culpa también es de los bolivianos que votaron por ellos conociéndolos, pero lo es más aun de los que hoy, conociéndolos mejor, continúan apoyando sus delirios totalitarios.

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Despertar del letargo

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Algún día los bolivianos tendremos que hablar claro y dejarnos de boberías de que somos los herederos de un gran imperio en el que reinaban la equidad, la reciprocidad y la redistribución, que en el incario no existía el hambre y se respetaba la trilogía de leyes y otra yerbas, que nos han hecho creer, intelectualoides supuestamente científicos mediante, que fuimos unos “buenos salvajes”, que nuestra “maravillosa cultura” está en peligro de ser destruida por los valores occidentales, y que nuestra “avanzada civilización” ha superado a todo lo hasta hoy existente. Nada más absurdo, risible y ridículo.

Los incas fueron tan avanzados y tan poderosos que no lograron inventar ni la rueda ni la escritura. Fueron tan intelectuales que hace poco más de 500 años, aun no habían avanzado lo que Grecia hace poco menos de 2500. Era una civilización en la que aun se hacían sacrificios humanos, y dividida en castas en las que los nobles tenían privilegios sexuales sobre las hijas de los súbditos y de los pueblos conquistados. ¿Todo esto y más hace que tengamos que avergonzarnos de nuestro pasado? Por supuesto que no, solamente lo estoy recordando en un intento por iniciar el derrumbamiento del ídolo que la demagogia y la charlatanería europea han hecho de nuestro supuestamente glorioso pasado.

Una de las principales características del salvajismo, de la incivilización, es la irracionalidad. Son irracionales y por lo tanto salvajes las acciones acaecidas en Achacachi la semana pasada. Los habitantes de esa región (repito por si no ha quedado claro) son unos salvajes, así de simple y así de claro. Y no es la primera vez que en algunas regiones de Bolivia se dan abiertas manifestaciones de barbarie premoderna. Recuerdo al menos tres casos, dos en el altiplano y uno en los valles cochabambinos, en que los lugareños no solamente mataron, sino que se comieron a personas de la misma comunidad o ajenas a ella. ¿Qué tenemos que llamarle a eso? ¿Finas y caras tradiciones ancestrales que debemos cuidar y perpetuar? Yo creo que esa parte de nuestro “glorioso pasado”, tan irracional, tan salvaje, se debe erradicar… pero claro, solo podremos hacerlo cuando entremos en conciencia de que no somos “los hijos del sol”, herederos de un vasto y “majestuoso” imperio en que reinaban la paz, la felicidad y la armonía.

Pero la falta de capacidad de utilizar la cabeza no solamente se da en regiones rurales. ¿Por qué condenamos el robo? Porque es un mecanismo a través del que una persona se apodera de algo por lo que no ha trabajado, algo que no se merece, y que muy probablemente es el fruto del trabajo y el esfuerzo de otro. Condenamos el robo porque creemos (o deberíamos creer) que desear algo por lo que no se ha trabajado ni se pretende trabajar es irracional. Porque creemos (o deberíamos nuevamente) que los individuos tienen que alcanzar sus metas en base al esfuerzo y al trabajo intelectual y/o físico, con tesón, creatividad, responsabilidad, etc, etc.

Pero lo que sucede hoy en Bolivia es que todo quien pertenece a un movimiento social importante, con capacidad de perjudicar al resto, con la habilidad de violentar la libertad de otros individuos, ya se cree con el derecho de exigir todo lo que no se ha ganado, pero que quiere y desea. Ellos no lucharon por eso, no se esforzaron por eso, en fin, no se lo ganaron, pero están segurísimos de que tienen el derecho de tenerlo. Y en el caso de algunos grupos étnicos la cosa se ha tornado aun peor. A ellos, ser victimas se les ha convertido en un buen negocio. Porque fueron explotados en algún momento de la historia, se creen que lo merecen todo. Solo por el hecho de haber sido victimas, se han ganado el derecho de ser dueños del país entero, de todos los recursos naturales; se han ganado el derecho de exigir que el resto del país y la comunidad internacional los mantenga. Estamos actuando dentro de una ignorancia e irracionalidad tales, que nos creemos todas esas estupideces sin ponernos a pensar que no existe un solo rincón del planeta en que algún grupo no haya sido abusado y explotado, y no por eso decidieron llorar eternamente su pasado y exigir que los demás resuelvan sus problemas actuales.

Ejemplos de nuestra irracionalidad hay muchos más, pero la columna es chica. Tenemos que despertar, lo antes posible, del letargo de la autocompasión, el lloriqueo y la pereza intelectual, de otra forma Bolivia nunca va llegar a nada. Lo digo claramente, no importan las constituciones, los 500 años y las tradiciones, el color de la cara del Presidente u otras cosas, si no cambiamos de actitud, Bolivia no va a llegar nunca a ningún lugar, vamos a seguir tan mediocres como siempre y, al paso que vamos, aun peor.

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Planificación estatal=hambre y represión

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Hoy, muchos charlatanes empiezan a predicar con más fuerza y entusiasmo, que “Marx tenía razón” respecto del papel fundamental del Estado en el manejo de la economía. Que la crisis mundial (que no es más que un serio altibajo dentro del libre mercado), demuestra que el capitalismo no funciona y que la libertad es un error. Igual que en 1929, los planificadores se frotan las manos por la posibilidad de poner en práctica sus malsanas ideas de definir los destinos y acciones de los seres humanos, por las ganas que siempre han tenido de decirle qué hacer y hacia dónde orientar sus acciones a las personas.

Es por eso que este es un momento oportuno para recordarles a nuestros camaradas ávidos de estatismo, algunos de los “grandes y maravillosos logros” de la planificación centralizada allí en donde la pudieron practicarla a sus anchas.

En la Unión Soviética, con la colectivización de las granjas, la industrialización estatal centralizada y los trabajos forzados, fruto del hambre y la servidumbre de los individuos para el Estado, nuestros maravillosos planificadores lograron que de una población de 194,1 millones de personas en 1940, que en seis años (para 1946) debió haber llegado a los 213 millones, llegaran, en 1946 a 167 millones. Es decir, la desaparición en seis años, como por arte de magia, de 46 millones de ciudadanos, de los cuales, las proyecciones más optimistas indican que “solamente” habrían muerto 26 millones por el hambre y la represión. ¿Por qué hambre? Porque la colectivización de las granjas, muy lejos de incrementar la producción de alimentos, lo que consiguió fue destruirla. ¿Por qué represión? Porque el mantenimiento del sistema de partido único, cero oposición al régimen, y los regímenes de trabajos forzados, requieren de un Estado represor y asesino.

A continuación transcribo textualmente lo que dice Jean François Revel en su magistral obra “El conocimiento inútil” sobre el ejemplo etíope: “Después de una estancia en Etiopía, en los perores momentos de la represión llevada a cabo por el régimen comunista, en 1977, el notable dirigente comunista italiano Giancarlo Pajetta declaró que el clima social de Addis Abeba [el dictador comunista de Etiopía] recordaba, en el fondo, el de París durante la Revolución francesa. ‘Igual que en París en 1792 y 1793, uno puede enterarse al medio día- bromeaba Pajetta- de que el hombre con quien cenaba la noche anterior acababa de ser ejecutado’”

Ciertamente en el África los ejemplos han sobrado, ya hablemos de Burundi, Mozambique u otros, de lo que se ha tratado y se trata es de gobiernos “progresistas”, antiimperialistas, nacionalistas, colectivistas, socialistoides o afines, que en realidad son sinónimo de represión, racismo tribal causado por factores identitarios, genocidio, hambre y miseria medieval. Cuando en el mundo occidental se conocieron, en los años 80’s, las imágenes de los niños africanos hechos piel y hueso, y con las barrigas hinchadas por la desnutrición, no vimos otra cosa que el resultado de la aplicación del colectivismo socialista, de la planificación centralizada progresista, de los regímenes dignos y soberanos antiimperialistas. Todos asesorados por norcoreanos, soviéticos, alemanes del este u otros ciudadanos de países integrantes, simpatizantes y militantes, del imperialismo comunista.

“El mayor productor de hambre del siglo XX es el socialismo” dice Jean François Revel, y los hechos lo han demostrado. ¿Queremos poner en funcionamiento la fábrica de hambre otra vez? ¿Eso es en lo que Marx tenía razón?

Yo soy partidario de la planificación, sí, pero de la planificación individual, en que cada persona trata de tomar sus decisiones y planificar su vida con la mayor racionalidad posible y con la mayor previsión que le alcance. Es la planificación de la libertad. No es perfecta, no elimina por completo la pobreza y el hambre, pero elimina la miseria medieval y la represión; no trae la felicidad a la puerta de nuestras casas, pero nos brinda mayores posibilidades de utilizar nuestros propios esfuerzos y habilidades para traerla.

La planificación centralizada de manos de grupículos de “expertos” ya ha demostrado su vocación por el asesinato y el genocidio, esa planificación, no la queremos.

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