La ruptura de un acuerdo entre Estados Unidos y Bolivia

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La recientes declaraciones del presidente Morales en Nueva York, con motivo de la celebración de una Asamblea General de la ONU, respecto de que el Presidente de Estados Unidos, Barak Obama, lo estaría discriminando y no se mostraría cooperativo con Bolivia al haber retirado las preferencias arancelarias del ATPDEA, no hacen más que develar un discurso incoherente por parte del mandatario boliviano.
La Preferencias arancelarias contenidas en el ATPDEA, para que determinados productos bolivianos (textiles y joyas entre ellos) ingresaran en condiciones privilegiadas al mercado norteamericano, eran concedidas a cambio de políticas y acciones serias, por parte de Bolivia, en lo que se refiere a lucha contra el narcotráfico.
Que Estados Unidos juzgue la seriedad de las políticas bolivianas antidrogas con un particular y unilateral criterio con el que no estemos de acuerdo, es una cosa totalmente distinta. El hecho es que el ATPDEA solamente estaba en vigencia si Bolivia cumplía con su parte del acuerdo, y el momento en que Norteamérica concluyera que habíamos dejado de hacerlo, tenía todo el derecho de retirar las preferencias.
Se intenta discutir, también, el hecho de que los países grandes, como Estados Unidos, Europa u otros, pongan condiciones para otorgar facilidades o cooperación a los países en vías de desarrollo. Simplemente esto no debería estar en discusión, puesto que, igual que un individuo, grupo de individuos u organización tienen la libertad de no ofrecer gratuitamente su ayuda, y de poner condiciones para brindarla, un Estado tiene la libertad soberana de hacer lo mismo.
El abuso y la violación contra la soberanía de Bolivia se daría si es que algún país pretendiese que Bolivia acepte, por la fuerza, un acuerdo que contemplara condiciones con las que no estuviera de acuerdo. Pero cuando hablamos de ofertas, de tratos, de pactos, de acuerdo, nos referimos a una parte que propone un conjunto de cosas que, sólo de manera voluntaria, la otra parte habrá de aceptar.
Lejos de protestar porque el país proponente no articule un acuerdo a gusto y antojo del país que recibe la propuesta, lo que éste debería hacer es negociar por la posibilidad de mejores condiciones, o simplemente aplicar su libertad soberana de no aceptar acuerdo alguno. Pero exigir que un país haga lo que a nosotros nos place, sólo porque nosotros creemos que es lo correcto, no es otra cosa que no respetar esa misma libertad soberana a la que tanto acudimos para criticar.
Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/
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Libertad… ¿para qué?

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Es la frase con que Lenin expresó su desdén hacia el principal valor por el que los seres humanos hemos luchado durante siglos, aboliendo la esclavitud y los regímenes totalitarios, e intentando diseñar formas institucionales que garantizasen que esa libertad conseguida no se pierda fácilmente.
La respuesta que alguien le debería haber dado a Vladimir Ilich es: “para lo que nos de la gana, no es asunto tuyo”.
Y es que mientras el individuo no utilice su libertad para vulnerar la de otros, no es asunto de ningún gobernante quién, cómo, dónde, por qué y para qué la usa.
¿Para qué sirve la libertad? Simplemente para eso, para ser libres. Habrá quienes quieran aprovecharla al máximo y hacer todo lo que el ejercicio de su libertad les permite, y tratarán de conocer todos los lugares, los climas, los paisajes, las personas. Pretenderán que son mochileros, y se afanarán por explorar hasta la última posibilidad que su libre arbitrio les brinde.
Otros habrá que se esforzarán por potenciar al máximo su creatividad y su talento, intentando hacerse inmortales a través de alguna obra, o simplemente porque les place, o tal vez porque quieren ganar dinero, o quién sabe por que otras razones más (el que ejerce su libertad es quien lo sabe). “Son criaturas ambiciosas, pretenciosas o ególatras” dirá alguien. ¿Y qué nos importa siempre y cuando no vulneren libertad y derechos de otros?
Otros tantos preferirán sentirse libres de no hacer nada, de empeñar el mínimo esfuerzo, apenas necesario para tener lo esencial, mientras disfrutan de cosas tan simples como ver todas las películas que la industria hollywoodiense ha producido, reír con la vulgaridad del show de Tinelli, o mirar mujeres u hombres semidesnudos (y también desnudos) en televisión, Internet y revistas. “Son criaturas conformistas” exclamará alguien por ahí. ¿Y qué diablos nos importa, mientras no vulneren libertad y derechos de otros?
Los “para qués” de la libertad son múltiples, y sus fines son tan distintos como distintos somos los seres humanos. No hay grupo de expertos ni máquina genial capaz de conocer siquiera un mínimo porcentaje de los fines que los individuos de un orden social persiguen, al hacer uso de su libertad.
Los individuos apreciamos muchísimo nuestra libertad. El único problema es que muchos somos conscientes de su valor, la identificamos con nombre y apellido, al igual que a las acciones que la podrían poner en peligro, mientras que otros aún no se han dado cuenta de que sus vidas no serían ni posibles ni soportables si libertad, y pretenden entregarla a cambio de seguridades que ofrecen los poderosos, o simplemente aún no son conscientes de que sus actividades como comerciantes, dirigentes, especuladores, artistas, bohemios, estudiantes, etc. no serían posibles sin libertad.
Muchos Gobiernos han pretendido saber mejor que las personas cuáles deben ser sus metas; han detestado ver “el caos” dentro del orden social, han deseado que todo ciudadano enfoque sus esfuerzos personales hacia una gran causa común por el bienestar general, y han asumido políticas para lograrlo. Han eliminado la libertad, porque se creían con la autoridad de definir su “para qué” en nombre de todos los individuos, o simplemente la veían como un estorbo o una inutilidad.
En Bolivia, a plan de leyes para controlarlo todo, nos están haciendo lo mismo. Algunos ya nos hemos dado cuenta hace mucho ¿cuándo se enterará usted?
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Dominación, monopolio, concentración, coerción, lucha: La visión de Estado de García Linera

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En una conferencia titulada “El proyecto de Estado plurinacional”, organizada por el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Boliviana en el campus central de la zona de Tupuraya, en Cochabamba, el Vicepresidente dijo que “El Estado es dominación, es monopolio. El Estado tiene que concentrar legitimidad, coerción, recursos públicos en un escenario de luchas“.
Tanto en esta afirmación, como en su conferencia titulada “La construcción del Estado”, dictada en una universidad de la Argentina, el Vicepresidente plantea un conjunto de características que, desde su punto de vista, serían inherentes a la construcción y existencia de los Estados en general, y del Estado boliviano en particular.
Dominación, monopolio, concentración, coerción y lucha, son algunas de las ideas centrales que resumen la estructura de un Estado omnímodo, que pretende controlarlo todo, y que para ello se encuentra en un estado de constante tensión y pugna. En “La construcción del Estado”, García Linera hizo afirmaciones en el mismo sentido, declarando que el Estado es cultura, creencias y costumbres (además de instituciones, territorio y población, que vendría a ser la definición clásica)
El Estado lo es todo y el individuo no es nada. Tal la sentencia con que se puede resumir la idea vicepresidencial de estatalidad, que coincide perfectamente con otras concepciones colectivistas creadas por el hombre, desde Platón y su “República”, pasando por Marx y su totalitario socialismo, y Hitler en su versión nacional socialista. El consenso entre todos ellos es que el poder gubernativo de los estados no debe dejar al libre arbitrio de los individuos elementos como las creencias, las tradiciones, las opciones sexuales y económicas, etc. Cada esfuerzo, idea y pensamiento del ser humano deber ser canalizado hacia el fin colectivo diseñado por los burócratas de turno.
Las ideas y afirmaciones del Vicepresidente son una nueva constatación de su descarnada sinceridad, y una confirmación de que los planes gubernamentales estarían dirigidos hacia el control total no sólo de instituciones políticas y gubernativas, ni solamente de la economía a través de la intervención en empresas públicas y privadas, sino de la propiedad, y también de las ideas, los esfuerzos, la creatividad, las creencias y costumbres de las personas.
Un Estado totalitario, con la capacidad de determinar todo lo que existe en su territorio, sea físico o metafísico, objetivo o subjetivo. Un poder tal, que ni el movimiento de un solo cabello de un ciudadano escape a su estricta y escrupulosa vigilancia. Esta es la forma correcta de entender las palabras de García Linera.
Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net
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Estrategia, mezquindad y pereza política

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El oficialismo suele mencionar a Manfred Reyes Villa, recordándole los procesos judiciales que se siguen en su contra y recriminándole el haber huido a los EEUU en lugar de haber permanecido en el país para asumir su defensa.
Si el reclamo surgiera de personas que apoyaron a Reyes Villa en sus diferentes incursiones políticas, sería una interpelación auténtica. Cuando un ciudadano le pide a la gente que apoye una determinada propuesta y visión de país, lo menos que se puede esperar es que tenga el mínimo de valor y consecuencia para quedarse en Bolivia a defender y dar continuidad a un supuesto proyecto político que habría ofrecido, y por el que se habría comprometido la confianza de la gente a través del voto. Pretender hacer esto por control remoto desde un cómodo exilio en Norteamérica es una falta de respeto.
Pero cuando hablamos de los ataques del masismo contra Reyes Villa, y últimamente contra “Tuto” Quiroga, no estamos frente a un oficialismo preocupado por la salud política del movimiento opositor. En el caso del partido de gobierno y sus recriminaciones contra estos personajes, se trata de una estrategia dirigida a condenar al movimiento opositor a quedarse en el inmovilismo en relación a la urgente renovación que requiere.
Los ataques, desde el oficialismo, contra Reyes Villa y “Tuto” Quiroga, tienen por objetivo el de hacer que estos ciudadanos cuestionados por sus actos políticos, carentes de una visión alternativa de país, y estructural e ideológicamente débiles, permanezcan como supuestos líderes de la oposición, evitando al máximo las posibilidades de recambio y renovación en el movimiento opositor.
Adicionalmente, tal estrategia tiene su correlato desde las actitudes tanto de Reyes villa como de Quiroga, pues son ellos mismos quienes parecieran soñar con volver a ser candidatos a la presidencia del país, y no permiten que la oposición se renueve, al negarse a dejar libres los espacios que tercamente se empeñan en seguir llenando. Se trata de simple y llana mezquindad política con un movimiento opositor que en muchos de los casos reivindica demandas y argumenta razones serias frente a un incontenible poder.
Por otro lado, quienes han permanecido en Bolivia, y que podrían llamarse “mandos medios” de la oposición, que en muchos casos son personas que están ejerciendo función pública, se presenta el problema de una especie de pereza política, que los hace negarse a poner en marcha la construcción de nuevos paradigmas programáticos y discursivos, basados en los sólidos principios de libertad, justicia e igualdad ante la ley.
Los grupos de activistas de lo que erróneamente se suele llamar ”la derecha”, parecen haberse acostumbrado a la comodidad de contar con mayorías en órganos legislativos, posiciones en el aparato público, y grandes sumas de dinero para crear, organizar y hacer funcionar un partido. De ahí que a muchos de ellos les parezca una tarea muy difícil la de reconstituir el sistema de partidos, y en muchos casos hasta una labor que las “circunstancias políticas” obligarían a postergar indefinidamente.
Olvidan que en las épocas de Marcelo Quiroga Santa Cruz la izquierda no contaba ni con una docena de legisladores, y mucho menos con millones de dólares para la construcción de movimientos políticos, y sin embargo siempre se las ingeniaron para lograr hacer la diferencia, empleando para ello las ideas de superioridad moral e intelectual, y solidez ideológica y programática, complementadas con tesón y valentía.
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