Antes de las elecciones de octubre pasado escribí una columna titulada “Desafíos para el MAS”, publicada en estas mismas páginas. En la nota en cuestión expresaba la necesidad del Movimiento al Socialismo de generar liderazgos locales y departamentales, puesto que, decía:
“Esta dependencia [de los candidatos del MAS a la imagen del Presidente], si bien positiva para la figura del caudillo único sin rivales ni sucesores, puede terminar desgastando la conexión entre “voto Evo” y “voto candidatos de Evo” (que hasta ahora ha funcionado muy bien al partido de gobierno), causando que cada vez sean más las personas que opten por Morales para las presidenciales pero por figuras ajenas al MAS en las elecciones regionales. Esto lo vamos a ver muy claramente en La Paz y Santa Cruz, donde una gran cantidad de ciudadanos que han votado por el Presidente el pasado doce de octubre, votarán por líderes de otras organizaciones en 2015.
Un primer desafío, entonces, es la realización de mejores gestiones municipales y departamentales, que no ha sido exactamente el fuerte del MAS en los últimos años. Paralelamente, y también sobre la base de buenas gestiones, el partido de gobierno debe emprender la construcción de liderazgos regionales, que en cinco años podrían dejar de ser una carga para las espaldas presidenciales y, más bien, se constituirían en artífices de la conquista de votos en las regiones para la candidatura presidencial del MAS en 2019 (sea o no Evo Morales su candidato, pero con mayor razón si no lo es)”
Mi hipótesis parece constatarse por los resultados de las últimas encuestas, que vaticinan la derrota del MAS en La Paz (Gobernación y alcaldías de las ciudades de El Alto y La Paz), gobernaciones de Santa Cruz, Beni y Tarija, situación peligrosa en las alcaldías de Cochabamba y Quillacollo, así como en otras varias jurisdicciones. La única diferencia, en realidad, es que no imaginé que el problema estuviera tan avanzado.
Las tendencias electorales están siendo determinadas por dos factores, a saber 1) La imposibilidad de generar liderazgos dentro del MAS está permitiendo que los que aparecen desde fuera conquisten, incluso, plazas fuertes de Evo Morales (creo que este es el factor más importante) y 2) El partido de gobierno ha generado excesivo rechazo en los electores (inhabilitaciones por tribunales electorales funcionales, amenazas varias en pleno proceso electoral, malas gestiones, etcétera, han causado esto).
Es verdaderamente urgente corregir estos problemas en los próximos años a partir de las gestiones de los gobiernos autónomos porque, de seguir la situación tal como ahora, dentro de diez años Evo Morales podría ratificar una victoria nacional ganando las presidenciales, pero con un partido sin ningún control de liderazgos y estructuras territoriales.
Se ratifica, también, otra hipótesis de una columna más reciente (“Proyecciones electorales” febrero 2015): que los “liderazgos exitosos” son, más que las “plazas fuertes”, los factores determinantes para el resultado de las elecciones.
El desafío, entonces, está claro y es más que urgente: El MAS necesita construir liderazgos exitosos sobre la base de buenas gestiones, o desde fuera de ellas (que es más complicado pero posible). Pero para ello debe perder el miedo a la competencia interna de líderes, a los que deberán permitir ejercer autonomía y brillar con luz propia.
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