Carlos Mesa ¿tiene la culpa?

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En una conversación por Twitter del 22 de agosto pasado, un político de oposición de Cochabamba reprochaba a Carlos Mesa el tener “jodidos a todos los Bolivianos” por haber actuado como lo hizo durante su corta estancia en Palacio Quemado. Noté en el comentario un delirante afán por culpar al ex Presidente por la presencia de Evo Morales en el gobierno.

Desde el año 2007, que comencé a hacer análisis político públicamente, he percibido una perversa tendencia a responsabilizar a Carlos Mesa por todo lo que estamos viviendo en Bolivia.

Seguramente antes la sucesión constitucional de octubre de 2003 no existían problemas de inclusión política, social y económica con las comunidades indígenas y campesinas, y la marcha indígena de 1990 fue una alucinación colectiva.

La pobreza, la falta de oportunidades y carencia de empleo, cuyas soluciones están hoy tan ausentes como antes, seguramente son males que arrastramos a partir del nefasto gobierno de Mesa, y no así objeto de promesas de larga data en campañas electorales pasadas, cuyo incumplimiento podría hacer de explicación a lo que nos sucede hoy.

Tratar de manipular la justicia y hacer las leyes a la medida de los que gobiernan, vicios típicos de espíritus autoritarios, que se han agudizado en el gobierno de Morales, seguramente eran prácticas desconocidas por los gobiernos anteriores al año 2003, y la “banda de los cuatro”, los “cardenales” en la Suprema, el fiscal Dips y tantos otros, no son más que el fruto de mentes desequilibradas que buscan desacreditar a los honestos gobiernos anteriores a Mesa.

El desprestigio de los políticos y la política, que dio como resultado la aparición de corrientes anti sistema; las licitaciones dirigidas y las carreteras mal construidas, las jefaturas monárquicas dentro de los partidos políticos, la corrupción, el prebendalismo, el nepotismo, los privilegios inmerecidos y los favoritismos, prácticas cuya presencia de hoy sólo se diferencia por el refuerzo del cinismo y el descaro, seguramente no han sido factores de hastío ciudadano desde 1985, sino que fueron introducidas por Carlos Mesa en 2003.

Sólo así se podría explicar que alguien tenga la desfachatez de reclamar al ex Presidente por tener “jodidos a todos los Bolivianos” Mucho más cuando se trata de un político cuyo jefe de partido ha sido parte de varios de esos gobiernos anteriores honestos y eficientes.

Suelo defender, y defiendo, todo lo positivo alcanzado por los gobiernos y políticos desde 1982. No tengo una visión pesimista de nuestra historia, creo que los bolivianos –y eso incluye a los políticos- hemos cometido muchos errores y también hemos logrados grandes cosas, pero sería una inefable necedad pretender desembarazarse de los unos o de las otras, e intentar atribuir a un solo hombre los males que hemos vivido los últimos seis años.

Pero si la única lección que extraemos de los ataques de hoy contra la libertad, es que “Carlos Mesa tiene la culpa”, entonces no hemos aprendido nada y merecemos un par de gobiernos más de Evo Morales.

Posiblemente la única alternativa para proyectar un mejor futuro será la de mirarnos a nosotros mismos y aceptarnos como somos, con nuestros positivos y negativos, identificando clara y humildemente nuestros negativos, evitando culpar por ellos a otros, y tomando las acciones necesarias para eliminarlos. Comprender que no son ni el imperio, ni Carlos Mesa, ni Evo Morales quienes nos han traído a donde estamos, ni quienes nos pueden salvar, sino nosotros mismos.

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Tocqueville y la libertad de prensa

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Ya hace más de 200 años, Alexis de Tocqueville, en su investigación sobre la democracia en América, había concluido que la libertad de prensa, a pesar de los posibles excesos que pudiera propiciar, era un bien sumamente valioso para la sociedad y la democracia.

Ahora que el gobierno boliviano ha iniciado un proceso contra varios instrumentos de esa libertad, me permito comentar y transcribir algunas de sus palabras.

Una de sus conclusiones descansa en el hecho de que la posibilidad de que la prensa pueda expresarse libremente no necesariamente implica bondad en aquellas expresiones. Así nos lo hace saber Tocqueville cuando dice: “Confieso que no profeso a la libertad de prensa ese amor completo e instantáneo que se otorga a las cosas soberanamente buenas por su naturaleza. La quiero por consideración a los males que impide, más que a los bienes que realiza.”

Entonces, aunque los bienes alcanzados por la prensa libre no parecieran notables, su importancia radica en los males que puede evitar en pos de la libertad y la democracia.

Tocqueville también concluye que sin libre expresión no existe libre pensamiento cuando afirma que “La expresión es la forma exterior y, si puedo expresarme así, el cuerpo del pensamiento”

Lo que significa que no permitir que los ciudadanos y los periodistas se expresen libremente, sería lo equivalente a no permitir que piensen libremente.

Alexis de Tocqueville también aboga porque sea el ciudadano el que decida en quien creer, al señalar que “Cuando se concede a cada uno el derecho de gobernar a la sociedad, es necesario reconocerle la capacidad de escoger entre las diferentes opiniones que agitan a sus contemporáneos, y de apreciar los diferentes hechos cuyo conocimiento puede guiarle.”

Además, dentro de su análisis, la libertad de prensa debe ser irrestricta, pues afirma que “En materia de prensa, no hay realmente término medio entre la servidumbre y el libertinaje. Para recoger los bienes inestimables que asegura la libertad de prensa, es preciso saber someterse a los males inevitables que provoca.”

Finalmente, quiero copiar un texto, a la vez transcrito por Tocqueville en aquellos tiempos, de un periódico norteamericano llamado “Vicenne’s Gazette”:

“En todo este asunto, el lenguaje de Jackson (Presidente de Estados Unidos) ha sido el de un déspota sin corazón, preocupado únicamente por conservar su poder. La ambición es su crimen, y en ella encontrará su castigo. Tiene por vocación la intriga, y la intriga confundirá sus designios y le arrancará su poder. Gobierna por la corrupción, y sus maniobras culpables tenderán a su confusión y a su vergüenza. Se ha mostrado en la arena política como un jugador sin pudor y sin freno. Ha triunfado; pero la hora de la justicia se acerca. Bien pronto le será preciso devolver lo que ha ganado, arrojar lejos de si su dado engañador, y acabar en algún retiro donde pueda blasfemar en libertad contra su locura, porque el arrepentimiento no es una virtud que haya sido dado a su corazón conocer jamás.”

Si en ese tiempo, y aún hoy, los gobernantes verdaderamente democráticos y respetuosos de la libertad de sus pueblos, podían soportar este tipo de comentarios sin iniciar juicios insensatos contra sus autores ¿por qué los gobiernos de hoy son tan sensibles y delicados frete a ellos?, ¿no será que en el fondo, no son más que miserables partidarios de la servidumbre de sus pueblos?

¿No será que Evo Morales, a diferencia de Jackson, efectivamente es un déspota sin corazón? ¿Y Percy Fernández?

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El colectivismo de García

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He estado revisando algunos de los principales escritos del Vicepresidente de Bolivia, y ciertamente se podría escribir todo un libro de refutaciones a sus ideas que, a la vez, muestren una alternativa mucho más fresca, visionaria y constructora de porvenir para el país. En cambio, trataré de comentar algunos párrafos regularmente.

En “El Socialismo Comunitario” el Vicepresidente Álvaro García dice que “En lo ético-moral, el socialismo comunitario se caracteriza por un respeto supremo no al lucro ni al beneficio sino a la vida humana y a la naturaleza; un apego a la comunidad, a la solidaridad, a la fraternidad y al trabajo en equipo como fundamentos de su trabajo, de sus iniciativas y de sus decisiones. El individuo no desaparece, hay un desarrollo de la individualidad, pero se desarrolla en medio del desarrollo de la comunidad: si alguien quiere sobresalir en el barrio que lo haga con todo el barrio, no como una persona aislada sino en medio de la comunidad. Estos valores y percepciones son armónicos con la naturaleza y valoran la comunidad y el trabajo en equipo por encima del egoísmo, el lucro y la competitividad.”

Dentro de las variaciones del colectivismo, Ayn Rand distingue dos corrientes, las místicas y las sociales. Las primeras fueron aquellas que justificaban la servidumbre de los individuos sobre la base de supuestas representaciones o encarnaciones de dioses u otros seres metafísicos, por él o los gobernantes, llámense éstos reyes, faraones u otros. Las sociales son aquellas que sustentan la servidumbre de los individuos frente a la sociedad -o comunidad, generalmente basadas en aquella superstición del vox populi, vox dei. Pero todas guardan una dinámica común de destrucción de la individualidad, la libertad, la vida y los derechos del hombre; todas pretenden negar a las personas la dignidad, la cualidad de ser seres humanos.

Al respecto, Ayn Rand afirma que todos estos sistemas, fruto de las diferentes variantes del colectivismo, han “visto al hombre como un medio sacrificable a favor de los fines de los demás, y a la sociedad como un fin en sí misma.”, han “sostenido que la vida del hombre pertenece a la sociedad, que ésta puede disponer de él como le plazca, y que toda libertad de la que goce sólo le ha sido concedida por gracia, y por el permiso de la sociedad, que puede ser revocado en cualquier momento.”

La sociedad ideal del Vicepresidente boliviano no posee nada de novedoso y, más bien, representa parte de las viejas recetas que han demostrado con creces su efectividad para producir personas miserables que huyen despavoridas de sus países hacia cualquier lugar a donde encontrar un respiro en libertad, y absolutamente inefectiva para satisfacer las necesidades humanas.

Carlos Rangel recuerda a uno de los próceres del terror, que también soñó con la eliminación del individualismo, el egoísmo y el afán de lucro:

Para el Che, […] Los incentivos materiales no serían necesarios, el trabajo sería voluntario, el dinero no existiría, y dentro de la abundancia lograda sin gran esfuerzo en una economía organizada ‘para el servicio y no para el lucro’, cada cual retiraría de los depósitos comunales los bienes y los alimentos necesarios para su subsistencia.”

Queda claro que el sueño de García no se diferencia en casi nada de todo cuanto ya hemos oído, rechazado y combatido.

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El origen de la crisis en los países

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Con un análisis desde la perspectiva de la Escuela Austriaca de Economía, Axel Kaiser desnuda los orígenes de la crisis económica mundial, mostrando que no es la excesiva libertad, sino la intervención y la política irresponsable, la causa de las burbujas que han estado creciendo y reventando en los últimos tiempos.

Esta es la entrevista realizada a Kaiser por Sergio Samiento, en su programa “La Entrevista con Sarmiento”:

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