En 1985 los bolivianos, en unos casos, rescatamos las pocas instituciones que nos quedaban después de un largo período de dictaduras militares, en otros, tuvimos que reconstruirlas de los escombros que nos quedaban; todo para conseguir reiniciar nuestra vida en sociedad con un mínimo de estabilidad política y económica. Se puede decir que lo que hicimos fue reconstruir el Estado boliviano. Posteriormente, con las primeras reformas en el gobierno de Jaime Paz Zamora, principalmente a la CPE, la ley electoral, ley de partidos, y otras, iniciamos un proceso de consolidación institucional.
Lamentablemente el año 2000, con la guerra del agua, se ha dado inicio a un proceso contrario (de desinstitucionalización) que crece como una bola de nieve, y que lejos de haber terminado con la crisis de octubre del 2003, ha sido profundizado por el gobierno de Evo Morales al punto de introducirnos en una nueva etapa. La etapa que vivimos hoy es la de la Destrucción del Estado. Hoy casi no existe un solo sector político en Bolivia cuyas acciones no vulneren la institucionalidad por lo menos un poco. Por supuesto que también hago alusión a la oposición política del gobierno. Debo decir que entiendo la lógica de sus acciones, porque en un partido de ajedrez en el que el adversario comienza a mover a los peones como si fueran reinas, sería muy estúpido, si no se quiere perder la partida, continuar aplicando los movimientos clásicos (los normales en realidad). Sin embargo, si es que no es tarde ya, creo que es necesario caer en cuenta de que detener este proceso es una tarea urgente, puesto que después de la Destrucción del Estado, ya sin ninguna institucionalidad, sin reglas y sin límites, lo que queda es el estado de barbarie. La salvación del Estado boliviano solamente será posible si todos hacen un alto en sus acciones. No va a funcionar si solamente lo hace la oposición o solamente el oficialismo.
¿Cree que soy un apocalíptico agorero? Hoy tenemos precios que suben constantemente en los mercados y un gobierno que no quiere verlo, lógicamente eso ha hecho que los maestros se movilicen contra el “gobierno hambreador”, los mineros también están movilizados, los transportistas preparan medidas de presión, fuerzas armadas irregulares llamadas “ponchos rojos” se hacen con el control aduanero, grupículos fascistoides supuestamente juveniles y cruceñistas siguen funcionando en Santa Cruz, movimientos de oposición evitan que el Presidente visite varias regiones del país, pero los campesinos de Cochabamba también le han prometido palo al Prefecto si se acerca a las provincias, grupos supuestamente afines al gobierno hacen huir de Desaguadero a ministros y militares, en Tarija los ciudadanos de Yacuiba eligen a su propio Prefecto y los chaqueños pretenden crear un nuevo departamento, la coca excedentaria supera en un 200% lo que permite la ley y se cultiva en todos los lugares posibles, la fabricación de droga se ve tanto en zonas rurales como urbanas de cualquier ciudad de Bolivia, la producción de gas ya no alcanza para la Argentina, necesitamos conquistar mercados y generar empleos pero el gobierno prohíbe las exportaciones por razones políticas, ya son más de seis meses que por la irresponsabilidad del Vicepresidente y los parlamentarios estamos sin Tribunal Constitucional, y sin ese tribunal ya hemos pasado por la aprobación del textucho del MAS en la Asamblea Constituyente, por tres referéndums por estatuto autonómico, para el 22 el de Tarija, luego la elección de Prefecto en Chuquisaca, y hasta puede que acudamos al referéndum revocatorio del 10 de agosto sin Tribunal Constitucional.
Si cree que soy un apocalíptico agorero, usted está ciego, porque ésta, es la Destrucción del Estado. Después, se viene el estado de barbarie. Y lo peor de todo es que dudo muchísimo que al Presidente y sus ministros les interese en lo más mínimo evitar que continuemos como vamos, cada vez más profundo en este abismo que, además, no tiene fondo.
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