Se ha instalado una amplia polémica en torno a 50 Sombras de Grey, película basada en la novela del mismo nombre (que es mucho más densa que su adaptación para cine), en lo que se refiere al sadomasoquismo y la dominación (dos particularidades sexuales que ya no son catalogadas como desviaciones, sino como parafilias).
La indignación de personas y grupos de diferentes índoles, respecto de la temática y escenas de la obra, pareciera presentarnos un mundo virginal que por primera vez descubre la diversidad en torno al sexo, cuando en la literatura y el cine ya habíamos conocido historias y producciones mucho más descarnadas, como los escritos del Marqués de Sade o “La Historia de ‘O’”, por mencionar dos.
Pero quiero centrarme en la crítica referida a que el filme constituiría una agresión contra las mujeres.
Ahora resulta que cuando una mujer descubre que le causa morbo y excitación sexual ser dominada por un hombre, el dominador es un abusivo y la historia gira en torno al maltrato y abuso de género. Pero cuando un hombre descubre que ser dominado por una mujer le causa lo mismo, el dominado es un baboso y la historia gira en torno a lo ridículo de un hombre que pierde su virilidad.
Las estructuras mentales machistas están influyendo mucho en las críticas y condenas pues, sin importar lo que hagan, los hombres siempre pierden porque, en el primer caso (de dominadores), son los malos de la película y en el segundo son los tontuelos. Mientras que la mujer está condenada a ser la eterna víctima, pues si ella domina nunca será la mala por la debilidad intrínseca a su condición de género, el hombre será el bobo.
Los grupos conservadores, que en realidad quisieran borrar este tipo de historias del mapa por considerarlas pecaminosas y perversas desviaciones, utilizan hoy los argumentos de los propios movimientos por la defensa de las mujeres para atacar la obra, pretendiendo que defienden la integridad y dignidad del género femenino, cuando lo que en realidad están condenando es la posibilidad de reconocimiento de muchas formas de disfrute pleno de la sexualidad.
Se está perdiendo de vista el hecho de que la protagonista del filme en ningún momento es raptada u obligada someterse al dominio del señor Grey, sino que –más allá de que lo hiciera por curiosidad y con dubitación– acepta la posibilidad de experimentar con él una forma diferente de sexualidad, que termina por descubrir satisfactoria.
Se trata, igual que en muchas de las variantes de las relaciones sexuales, de un acuerdo libre y voluntario entre protagonistas mayores de edad, que tienen todo el derecho de decidir qué y cómo van a hacer lo que deseen entre sus sábanas.
La liberación de tabúes y ataduras sociales de una persona, y específicamente de una mujer, no implica que necesariamente ésta debe optar por el dominio o la igualdad, sino que esa libertad le permite decidir con cuál opción logra mayor satisfacción personal. Es decir, que una vez que soy libre de decidir, es lícito que mi alternativa sea la sumisión, si es que eso es lo que me brinda satisfacción, siempre que lo haga por voluntad propia y en tanto pueda posteriormente decidir otra cosa.
Liberación no significa imposición de condición alguna, sino simplemente libertad de elegir dentro de la “diversidad infinita en infinitas combinaciones” (citando a Leonard Nimoy en el papel de Mr. Spock para ilustrar el concepto vulcano de pluralismo. Un pequeño homenaje a uno de mis personajes favoritos).
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