Hace algunos meses, aquella desvelada llamada Marta Harnecker, intelectualiode promotora de mentiras e irracionalidad, profetiza del totalitarismo y la intolerancia, en una conferencia que realizó en el aula magna de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas decía, justificando el hambre y la miseria de los cubanos, que Fidel Castro habría tenido la “virtud” de lograr que sus ciudadanos prefirieran la dignidad a la libertad, la prosperidad y el progreso. ¡Suena hermoso verdad! Pero lo que en realidad quiso decir es que ese dinosaurio del totalitarismo ha logrado que gran parte de los cubanos huyan de sus hogares por su culpa, y al resto, los que no pudieron escapar, les ha negado durante décadas la libertad, la prosperidad y el progreso, tres elementos que les habrían provisto de verdadera dignidad, a cambio de extenuantes discursos demagógicos cargados de mentiras y diatribas contra los que sí supieron construir sociedades libres. En Bolivia, después de perder el ATPDEA, un desvelado del mismo círculo, también vendedor de espejismos y mentiras, terrorista de las armas y las ideas, llamado Álvaro García Linera nos dice, por la pérdida de mercados y consecuentemente de fuentes de trabajo y subsistencia para los bolivianos, que “ese es el precio de la dignidad” Prueba clara de que pretenden, igual que su comandante Castro, hacer que los bolivianos vivamos de sus falsas dignidades y comamos discursos idiotas.
El uso intensivo de la propaganda ha pasado los límites del absurdo. Tuve la fortuna, hace un par de semanas, de visitar Santa Cruz y recorrer el Chaco boliviano, y mientras el gobierno transmite propaganda de gentes afirmando que no hay escasez de combustibles, observé estaciones de servicio cerradas por falta de diesel más que gasolina, o largas colas de vehículos esperando alcanzar una parte del “cupo” (otro dejavù de los regímenes socialistas ineficientes) asignado a las gasolineras. Pretenden que somos tan imbéciles que con propagandas en radio y televisión dejamos de percatarnos de lo evidente.
La cubanización de Bolivia ya está en marcha, el nuevo texto constitucional solamente les brindará mayores instrumentos “legales” e “institucionales” para acelerar y consolidar el proceso porque, en los hechos, el gobierno de Evo Morales ya es, en términos matemáticos, un autoritarismo que tiende a totalitarismo con límite en el infinito. Y como siempre, los intelectuales domésticos y extranjeros, la comunidad internacional y los organismos supranacionales cometen, con Chávez, Morales y los tiranos del vecindario, el error que ya cometieron con Hitler al creer que “aquí no pasa nada”, que “ese loquito no va a conseguir nada”. Cuando Hitler ya había manifestado claramente sus intenciones años antes al escribir “Mi lucha”, cuando Chávez ya había manifestado claramente su desprecio por la democracia en su intento de golpe, cuando García Linera y Evo Morales ya habían manifestado claramente su desprecio por la vida y la democracia, el primero embarcándose en el crimen del terrorismo, y el segundo encabezando un movimiento con tendencias guerrilleras que asesinó y torturó a militares y policías. Claro que en los dos últimos casos, la culpa también es de los bolivianos que votaron por ellos conociéndolos, pero lo es más aun de los que hoy, conociéndolos mejor, continúan apoyando sus delirios totalitarios.
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