Ciertamente dentro del Movimiento al Socialismo (MAS) hay serias contradicciones entre distintas corrientes respecto de diferentes temas. Uno de ellos parece ser el carácter o naturaleza del tipo de gobierno que debiera imponerse en el país.
Es innegable que una importante ala del MAS apuesta por la democracia, el gobierno con diálogo y concertación, la gestión con una buena dosis de autocrítica y otras actitudes positivas que deben ser reconocidas. Pero no es menos cierto que también existen las corrientes con mentalidades muy poco plurales, que apostarían, más bien, por una dictadura al estilo de la China o la de Corea del Norte (ya no hablo de Cuba porque parece encontrarse en franca apertura hacia ser una sociedad libre).
Dos eventos recientes me llevan a confirmar esta idea. El primero es una declaración de un tal Javier Zavaleta, que expresó descaradamente su simpatía por un sistema político unipartidista, mostrando una estrechez de entendederas absoluta, pues para conseguir que en el país haya sólo un partido sería necesario proscribir y penalizar el derecho ciudadano para organizarse y postular candidatos (y a votar por ellos), fuera de los márgenes del partido único. Evidentemente se eliminaría la posibilidad de existencia de pluralismo político y, consecuentemente, la democracia.
El segundo evento son las represalias que dirigentes del trópico de Cochabamba han anunciado aplicarán a quienes hayan postulado o apoyado a otras organizaciones políticas fuera del MAS. Claramente se trata de otro grupículo de mentecitas totalitarias que no entienden que, en primera instancia, los bolivianos tenemos el derecho, constitucional y humano, de participar en la vida política del país a través de organizaciones existentes o nuevas, con las seguridades de que nuestro gobierno, aplicando la ley, nos garantizará y protegerá en el ejercicio de tal prerrogativa.
En segunda instancia, los concejales obtenidos por otras organizaciones políticas en el trópico de Cochabamba, plaza fuerte del Presidente Morales, constituyen uno de los tantos certificados de democracia de los que puede orgullosamente pavonearse el partido de gobierno. Evo Morales puede decir, sin ninguna duda, que la democracia en Bolivia está tan vigente que en su propio bastión se han elegido autoridades de otros partidos que podrán, por el carácter de la democracia en un país libre, ejercer sus cargos con tranquilidad sin temor a represalias.
No obstante, ambos hechos son ejemplos de los excesos en que pueden incurrir ciertos miembros del MAS, que no hacen otra cosa que malograr la imagen de su propio partido y del Presidente.
Partido único, prensa única, ideología única, una única patria, un solo Dios, una sola bandera, una sola nación, un solo líder, una sola economía, un modelo específico de boliviano, una sola forma de familia y sexualidad… todo eso constituiría la eliminación de lo que representa el Estado Plurinacional.
Sería bueno, creo yo, que las voces democráticas dentro del Movimiento al Socialismo, incluido nuestro Presidente, pusieran un alto a la insensatez de aquellos que añoran la posibilidad de ejercer el poder sin discusión, sin crítica y sin oposición alguna. De paso detener el proceso absurdo que algún reyezuelo dice que va a iniciar contra Amalia Pando, porque, de otra forma, alguien podría creer que todo el MAS avala los extravíos de unos cuantos comedidos.