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La victoria del “proceso de cambio”

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Presidente-en-Bolivia-680x365Los resultados de las recientes elecciones muestran un debilitamiento de la solidez electoral del Movimiento Al Socialismo (MAS) causado, principalmente, por factores de los que ya hablé en una columna anterior. Empero, hay una victoria, que más que al partido de gobierno, debe atribuirse al llamado proceso de cambio, y que a estas alturas ya es imborrable.

Se trata de una hegemonía discursiva y simbólica que, igual que después de los Gobiernos de la Revolución Nacional, trasciende al partido que lo encabezó (MAS), alcanza a gran parte de líderes y organizaciones políticas de oposición, y permeará a futuros líderes y partidos.

Los términos “Estado Plurinacional”, “vivir bien”, “democracia intercultural”, entre otros, así como la idea de que la identidad étnica es un capital político importante, o el valor de los derechos indígenas y la Madre Tierra (el factor medioambiental) son elementos instalados y consolidados durante los últimos 10 años, en gran medida gracias a Evo Morales, su partido y sus Gobiernos.

Estos elementos discursivos y simbólicos han sido asumidos por líderes y organizaciones políticas ajenas al MAS (lo podemos ver en los programas de gobierno presentados en las últimas elecciones), no sólo porque se han puesto en vigencia constitucionalmente, sino principalmente porque son las pautas que marcan la discursividad del escenario político actual.

En otras palabras, quien no se apropie y aplique esas nuevas pautas parecerá un visitante del pasado.

Empero, eso no significa que se haya establecido una suerte de camisa de fuerza conceptual y procedimental para el accionar político presente y futuro. El contenido de los términos dominantes en la discursividad, así como las vías para conseguir las representaciones simbólicas, pueden variar de acuerdo a los valores, los principios y las cosmovisiones sobre las que se sustenten líderes y organizaciones.

Las variantes, desde luego, no pueden ser excesivamente disímiles y deben encontrarse circundando ciertos significados esenciales de términos y símbolos. Así, aunque se podría diferir respecto de la definición de “Estado Plurinacional” y/o “Democracia Intercultural”, no será posible negar el “pluralismo” como esencia de ambos términos.

0040De igual forma, aunque la identificación étnica es un capital político importante, no necesariamente es el único requerido para conseguir el favor de la ciudadanía, y las vías para obtenerlo pasarán por diferentes formas de representarlo. Un político de extracción mestiza que hable fluidamente el quechua, por ejemplo, podría perfectamente compensar el capital político (el pedazo sustentado en la identidad étnica) de uno de extracción campesina que no lo haga.

La discursividad y el escenario político, entonces, están ocupadas por los símbolos y nociones instalados desde 2006 y coexisten con varios otros de la etapa anterior. Los políticos de nueva generación deberán saber leer esta realidad que es, además, el signo que determina el siguiente paso después de este proceso de cambio.

Adicionalmente, otra victoria del proceso iniciado en 2006 se hace patente en Félix Patzi, Rebeca Delgado y otros liderazgos potenciales y exitosos, que son creación de él, aunque ya no formen parte del partido de gobierno. Y es que los líderes, de aquí en adelante, estarán marcados por este proceso, sea porque se acerquen desde fuera o porque estuvieron dentro de él.

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