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Ligas infantiles y ángeles presidenciables

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Es evidente que Evo Morales tiene defectos, y muchos. A pesar de ello, sus militantes y simpatizantes le brindan un apoyo casi incondicional y guardan, para con él, una furibunda lealtad.

En el otro lado el fenómeno es absolutamente contrario. Cuando se conversa con gente proclive a la construcción de una alternativa distinta al masismo, se suele tropezar siempre con la misma dificultad a la hora de hablar de liderazgos posibles: Que Rubén es muy cruceño, que Samuel no tiene carisma, que Tuto ya está quemado, que Mesa lo arruinó todo, etc.

Pareciera que los ciudadanos que se consideran a sí mismos de “oposición” esperan que un ángel caído del cielo asuma el liderazgo que tanto se extraña, cuando de lo que hablamos aquí es de seres humanos nacidos y radicados en Bolivia, que son los únicos habilitados para postular a la presidencia por las diferentes corrientes de oposición que pretendieran hacerle frente al oficialismo en 2014.

Un poco de realismo debería indicar que no hay, ni habrá, ángeles presidenciables sobre la tierra; que los líderes políticos nacen, se forman y surgen desde la misma sociedad a la que pretenden gobernar; y que si lo que se quiere es un cambio en las formas de hacer política será imprescindible un cambio en las formas de ser ciudadano, puesto que los políticos no son otra cosa que ex ciudadanos, y los ciudadanos son políticos en potencia.

Otro problema con el que se suele tropezar cuando de hablar sobre líderes políticos se trata, es la últimamente de moda exigencia de “rostros nuevos” como condicionante para aceptar algún liderazgo. Un trauma arrastrado desde 2003 y agravado en los últimos años.

Cuando se desintegró el viejo sistema de partidos, junto con él, se mandó a la jubilación al conjunto de líderes políticos que habían hecho funcionar la democracia y el Estado boliviano durante los últimos cincuenta años. Los actores que entonces tuvieron que asumir, casi de emergencia, aquellos espacios dejados por políticos experimentados, no eran más que las ligas infantiles de la política. Para comprobarlo basta con revisar los nombres de asambleístas constituyentes, concejales municipales, asambleístas departamentales, etc.

Los nóveles políticos tuvieron que cometer un conjunto de errores para poder acreditar alguna experticia en la administración del poder y, ahora que sería más difícil emboscarlos con “estrategias envolventes” se les exige que se retiren para dar paso a una nueva camada de ligas infantiles. Es como pedir el suicidio de las oposiciones.

Doria Medina y Juan del Granado son, evidentemente, políticos supervivientes de la vieja guardia, pero nadie puede decir eso de Rubén Costas, Ernesto Suárez, Carlos Mesa u otros líderes departamentales y locales, que hace poco estaban haciendo sus primeras armas en política y que han conseguido al fin ocupar un lugar en el campo político, a pesar de los ataques de un oficialismo al que no le conviene la aparición de políticos expertos, y una ciudadanía que diariamente los menosprecia esperando la llegada de ángeles celestiales con rostros renovados.

Mucho mayor debe ser la reflexión y la autocrítica en la ciudadanía y el mundo intelectual, cuando se evidencia que luego de destruir en críticas a los actuales actores políticos, nadie manifiesta su predisposición para reemplazarlos porque se considera que entrar en política es “mancharse”.

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