Sin embargo en todo ello hay un problema, lo antes dicho solo demuestra una gran habilidad para utilizar hábilmente elementos como la violencia, la mentira u otros, pero desnuda una inmensa incapacidad para enfrentar un gobierno, o un proceso de cambios, dentro del marco de la racionalidad argumentativa. Es decir, hay astucia para utilizar todos los medios que no contemplen la posibilidad de debatir, negociar, convencer, ceder, evolucionar, aprender, etc…
Ciertamente que hoy estamos en un proceso de diálogo en la búsqueda de generar un pacto, pero definitivamente no logro creer en el gobierno porque mientras supuestamente muestra voluntad de generar acuerdos, mantiene a Leopoldo Fernandez como preso político, lo juzga y lo condena unilateralmente, sin presentación de pruebas ni posibilidad de defensa, y hace público el juicio a través de la televisión con recursos del Estado; además mantiene la amenaza de seguir violando las leyes y cerrar nuevamente el congreso para mandar a referéndum un texto constitucional que igualmente fue aprobado con el único argumento de la fuerza y sin debates, análisis, ni nada.
Ayn Rand, una gran filósofa del liberalismo, decía que “el argumento de la intimidación es una confesión de impotencia intelectual” y ese es el problema de nuestro emperador y sus esbirros. Son muy inteligentes para utilizar astutamente la intimidación, pero son intelectualmente impotentes para conversar, son zorros para mandar, pero ineptos para gobernar.
Espero equivocarme, pero creo que para el gobierno el diálogo es solamente una pérdida de tiempo, que está obligado a realizar porque tenemos visitantes, pero que no pretende esperar demasiado (lo que impediría que se llegue a acuerdos), ni cumplir los acuerdos que de él se obtengan. A la luz de toda la evidencia de los últimos dos años y más de gobierno, no sería un comportamiento normal de parte del oficialismo el ceder, hacer pactos y respetarlos, es decir comportarse racionalmente. Lo normal sería romper el diálogo arguyendo un sinnúmero de razones que culpen a la oposición o, de llegar a acuerdos, incumplirlos interpretándolos de la manera que mejor les parezca, o simplemente incumplirlos porque “así lo exige el pueblo”, y de todos modos mandar, por decreto o por ley, con cerco o sin cerco, ese absurdo texto constitucional a referéndum y alcanzar de una buena vez por todas lo que se quiere desde enero del 2006, el poder absoluto.
Y la búsqueda de mecanismos para hacerse con el poder absoluto me recuerda a otra cita de Ayn Rand: “La ambición de poder es una mala hierba que sólo crece en el solar abandonado de una mente vacía” Cosa que viene a explicar el por qué de la impotencia intelectual de nuestros gobernantes.
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